Se atribuye a un proverbio africano “¡If you want to go fast go alone…if you want to go far go together!” que es muy aleccionador. Especialmente cuando inicias una nueva empresa, sea una aventura de exploración en el sentido etimológico de la palabra (una empresa, por ejemplo, fue la de Magallanes), o la del sentido corriente que le damos a la actividad mercantil.
¿De qué empresa se trata? ¿De iniciar una start-up? ¿O la única meta que te has propuesto para los próximos tres años es recorrer, por ejemplo, el continente americano desde Tierra del Fuego hasta Alaska? Pero para ambas experiencias, cabe perfectamente este proverbio con el que titulamos el post.
¿Tiene sentido en el ámbito del liderazgo? ¿O es que solo puedes lograr tu meta empresarial si cuentas con un muy buen equipo? En realidad, aunque cuentes con un equipo A de alto rendimiento, gente con experiencia y habituado al pensamiento crítico, si la idea original de la start-up es una visión tuya que has sido capaz de trasladar desde tu sueño a la realidad convirtiéndola en una acción empresarial concreta, en más de una ocasión te sentirás solo.
Habrás escuchado hablar sobre la soledad del líder. ¡Y es cierta! Puedes contar con buenos acompañantes con la formación, así como con la capacidad que exige el proyecto, pero serán bastante frecuentes esos momentos en los que la soledad te invada, por una cuestión que tiene que ver con la responsabilidad que sientes por todas las personas que te están acompañando en esta aventura.
Es por ello, que, desde la óptica del liderazgo, por mejor equipo que estés liderando, habrá momentos en el que percibirás esa sensación de soledad como lo es la travesía del desierto.
El proverbio africano te está indicando dos direcciones que debes asumir: la de estar convencido que tienes que ir rápido y lo mejor para ser eficaz es hacerlo solo; la del alcance del proyecto o lo que tengas entre manos, que requerirá de más de tus dos ojos de visión, o sea, de un equipo.
Pero mi consejo, es que, aunque no estés en un paraje desconocido a cientos de kilómetros de la civilización, por ejemplo, en la Puna de Atacama, sino dentro de un cubículo de cristal que es el despacho de tu oficina de 6 m2, en el cual no tienes posibilidad de perderte físicamente, sí tienes siempre el riesgo de no encontrar ese camino (la dirección adecuada) a pesar de contar con un buen equipo.
¿A qué se debe entonces? A que transitar el camino correcto requiere de una visión realista de cuáles son los objetivos fijados, cuáles los recursos con los que cuentas y cuál es la estrategia que junto a tu equipo es la elegida para poder implementar las acciones. Cambiar velocidad por éxito a medio y largo plazo. No ir solo, sino junto a un equipo.
