La cordialidad y proximidad de las personas en los equipos es algo que se percibe en el ambiente
La IE enseña a que no se tenga miedo a manifestar la opinión del equipo, pero es que, además, el buen
líder enseña a su gente a que se reconozca sin ningún tipo de prurito, cuando no se haya entendido una tarea o si no se está interpretando debidamente una función asignada.
¿Qué debe hacer entonces el líder efectivo?
Debe enseñar a su equipo a que “aprenda a escuchar con atención”. Hay que erradicarle a la gente el mal hábito que significa estar convencido que cuando tiene que escuchar, es algo reiterativo y que ya conoce.
También eliminar el miedo a que se le pregunte su opinión sobre determinada cuestión.
Los miembros al ser desprovistos de estos hábitos, seguramente podrán descubrir algo nuevo que pueda corresponderse con su tarea y responsabilidad, o simplemente un intercambio de ideas que permite que afloren puntos de vistaque son siempre útiles para el jefe de equipo.
Esta utilidad se deriva tanto en cuanto a incorporar mayor conocimiento a cada uno de sus miembros, como a advertir de las limitaciones que puedan encontrarse para el cumplimiento de los objetivos con el equipo actual.
Cuando el jefe detecta que alguno de estos frenos para cumplir adecuadamente con las tareas encomendadas, es debido directamente a la forma de conducirse de un miembro (falta de motivación, indisciplina, falta de colaboracionismo con el resto de miembros, etc.), es cuando puede proceder de dos formas:
a) Reemplazar sin más trámite al miembro del equipo que cree no se adaptará al funcionamiento y que comprometerá el cumplimiento adecuado las tareas.
b) Intentar un cambio de actitud del miembro “díscolo” siempre y cuando las aptitudes técnicas así lo justifiquen.
Los líderes que cuentan con más aptitudes para la gestión de las emociones propias y de su gente, tenderán siempre a la opción b). Salvo extremos que difícilmente se dan, no elegirá la opción a).
Cuando se participa en una conversación, la gente debe hacerlo con la finalidad de aprender y no querer que sean sus puntos de vista los que prevalezcan. El jefe tiene que inculcar esta actitud de los miembros como un hábito y no estar a la defensiva.
Un buen jefe de equipo tiene un especial celo en conocer cuál es la predisposición y deseo de aprender de su equipo. Es lo que llamamos PROXIMIDAD CON SU GENTE.
Una buena gestión de las emociones de parte del jefe, elimina barreras y acerca posiciones de los miembros, que comprenden mejor la importancia del compromiso entre ellos y del equipo con la organización.
