Verán ustedes, llegué al periodismo desde distintos rebotes. Había terminado Derecho por recomendación paterna, aunque al segundo año percibí que aquello no me interesaba. Pero no era cuestión de dejarlo.
Así que empecé un postgrado en Psicología, que me gustó desde el primer día. Pero la única salida era ejercer de selección de personal de alguna empresa, trabajo estrecho y sin alicientes.
Así que aproveché una convocatoria especial fabricada para el que había sido ministro de Educación bajo el franquismo, Joaquín Ruiz Jiménez, para hacer los cuatro años de Periodismo en dos. Era para tontos. Lo terminé sin problema.
Entonces supe que el carnet de prensa era un chollo, aunque tuvieras que jurar los Principios del Movimiento franquista.
Se estaban poniendo en marcha los medios especializados en economía, alguno en papel rosa. Así que recalé en un diario en formación denominado “5Días”, por los días en que salía a la semana.
Compartíamos redacción con otro diario “Informaciones” y allí conocí a Marisa Navas, una jovencita con pañuelo de Hermès, que estaba destinada a muy altos vuelos profesionales.
No les voy a cansar con los avatares de aquellos años. En el diario teníamos un director, Paco Mora, al que aún añoro, práctico y resolutivo, cualidades esenciales para esa profesión.
La información económica no requería grandes conocimientos, solo saber un poco el terreno que pisabas, para no tropezar con los muchos intereses en juego.
Decían que un diario de economía no tenía mucho recorrido en un país que apenas leía prensa. Llegó a haber cinco diarios económicos en España.
Nadie ha escrito un buen trabajo sobre aquellos tiempos convulsos y apasionantes. No lo voy a hacer aquí.
Solo les diré que pronto me percaté de que los avatares económicos no se entendían bien sin los cambios tecnológicos que empezaron a acontecer en rápida sucesión.
Desde las linotipias que componían en ardiente plomo fuimos pasando a los ordenadores…y no sigo contando.
Han pasado más de 45 años y ahora veo que la llamada Inteligencia Artificial Generativa pinta cuadros, escribe novelas, crea videos y compone sinfonías.
Me he hecho viejo justo cuando esto se pone interesante. Una vez más, toca reinventarse. Pero en viaje ahora es extraño e imprevisible.
Algunos lo llaman “La musa Inquietante”, otros “La mente eléctrica”, pero ahora es una cuestión más para neurólogos que para simples periodistas.
No pretendo desvelarles los arcanos del nuevo mundo digital, solo trazaré sobrevolando con humildad algunas pinceladas sobre las luces del amanecer en ciernes, sin olvidarme de las sombras. Solo soy el pinchadiscos de una melodía fluctuante.
Me voy a basar en varios textos publicados por la muy prestigiosa MIT Technology Review, en su última edición en español. La escritora y artista Rebecca Ackermann, radicada en la bahía de San Francisco, indaga cómo la IA Generativa está ya entrando en un terreno en el que sus avances introducen grandes retos sobre la autoría, la autenticidad y la ética en el trabajo de arte.
Los artistas han utilizado herramientas y sin duda se han copiado o inspirado unos a otros. Pero ahora es diferente, no son simples herramientas. Es otra cosa. El crítico musical Vauhini Vara escribe una serie de ensayos en un libro titulado “The Uncanny Muse”, (La Musa Inquietante), en el que muestra lo inquietante que puede ser la IA Generativa.
Los humanos hemos utilizado máquinas para expresarnos. Los pianos, los micrófonos, los sintetizadores y otros instrumentos eléctricos, fueron tecnologías que en su momento se enfrentaron al escepticismo antes de ser aceptados.
Humanos y máquinas se han reflejado mutuamente. Los primeros se han distinguido por tener conciencia. Y ahora resulta que las obras de arte con IA Generativa empiezan a tener algo parecido a la conciencia.
De hecho, se refieren a sí mismos como “nosotros”. Y los resultados son con frecuencia “extraños”, como salidos de una mente que no reconocemos, un poco “alienígena”.
¿Se están independizando en cierta forma de los humanos que los crearon? ¿O es que los creadores originales intentan que sus productos cibernéticos avancen más allá de las limitaciones de la mente humana? Es pronto para saberlo. Pero no es pronto para interesarnos por esta nueva frontera de la evolución humana.
La IA Generativa es la tecnología más disruptiva que haya creado el hombre hasta ahora y avanza con paso fulgurante.
Es ya evidente que va a revolucionar hasta las raíces el trabajo humano, las profesiones, la economía misma.
Como empiezan a advertirnos algunos expertos y autoridades, necesitamos con urgencia algo así como un PACTO SOCIAL para encuadrarlo y regularlo. Hay que ponerse manos a la obra.
