¿Lo adivinan? Es España. No es la primera vez que se pone de relieve, ni mucho menos. La última vez que recuerdo lo publicó el corresponsal del prestigioso “The Economist” en España, en un trabajo bastante detallado sobre la bonanza española, asentada en muy sólidas evidencias.

Es relativamente conocida la apreciación de un importante escritor sobre la increíble resistencia de nuestro país, con los españoles enfrentándose unos contra otros durante siglos. Sin desplomarse finalmente. “Un viejo país ineficaz entre dos guerras civiles”, escribió Gil de Biedma. “Un intratable país de cabreros”, remachó.

Nada menos que el FMI, la OCDE, y la Comisión Europea acaban de coincidir en señalar que España es líder en crecimiento entre sus pares europeos y está en el grupo de cabeza entre los desarrollados. Entre los economistas españoles, me gusta Xavier Vidal-Folch, sin prejuicios ni militancia política especial.

Ha publicado recientemente una columna en “El País” titulada “Milagro” económico con malestar social”.

¿Cómo explicar tamaña aparente contradicción? Su conclusión sintética está en la insuficiente redistribución de la riqueza. Señala también la inmigración como factor destacado.

Se han publicado abundantes datos sobre desigualdad, muy alta en España. El nivel de desigualdad en nuestro país, medido por el índice Gini, se sitúa alrededor del 33%, según los datos más recientes. Esto la posiciona como uno de los países más desiguales de la eurozona, aunque ha habido una tendencia de reducción en los últimos años, impulsada en parte por la mejora del mercado laboral.

A pesar de esta reducción, la concentración de riqueza sigue siendo alta, con el 10% más rico poseyendo casi el 60%de la riqueza total

Esta percepción social es muy acentuada y está alimentada por numerosas informaciones que destacan las obscenas retribuciones de muchos altos directivos, los abultados beneficios de los bancos y algunas grandes empresas del Ibex, en agudo contraste con las miserables retribuciones de mucha gente empleada a tiempo parcial, muchas veces retribuida por obra con tarifas de vergüenza.

En mi profesión como periodista y comunicador, se dan numerosos casos de retribuciones ridículas, como se pone en evidencia, por ejemplo, en el Informe anual sobre la profesión que publica la Asociación de la Prensa.

Vivimos en una sociedad capitalista, como todo el mundo sabe, pero se puede percibir una deriva en los últimos años hacia su versión más “salvaje”, lo que seguramente tiene que ver con fenómenos como que el actual presidente de EEUU sea una persona con personalidad patológica, diagnosticado como narcisista compulsivo.

No es muy aventurado pronosticar que la primera potencia mundial pasará a ser de segunda categoría, desplazada por China, en unos pocos años, en vez de “Grande Otra Vez”. Es una muy significativa paradoja. Hay que tener mucho cuidado con lo que se vota.

Pero volviendo a España, debemos mencionar un reciente informe del “Financial Times” que titula “España se ha convertido en la economía más destacada de Europa”, volviendo a señalar que “su principal motor ha sido la inmigración”.

Es evidente que el señor Abascal no lee el rotativo británico. La política ciega con demasiada frecuencia al intelecto. ¿O habrá que esperar que la llegada de la Inteligencia Artificial avanzada tome las riendas de nuestras sociedades? Peligroso dilema.