Hemos entrado en una nueva era de la sabemos muy poco. Casi tres cuartas partes de la humanidad están permanentemente conectas a Internet. (1)
En octubre de 2025, había 6.040 millones de usuarios de Internet, equivalentes al 74% de la población mundial, estimada en 8.142 millones.
El número se ha duplicado en menos de once años y está disparado. Pero con enormes diferencias: en regiones como el África central o naciones rurales la cifra puede ser inferior al 15%. Esto plantea grandes interrogantes, como la sobrecarga de información.
Además, no podemos distinguir entre los que está conectados por razones laborales o las personas privadas. Es una frontera totalmente difusa.
Pero la cuestión crucial es si esta hiperconectividad nos lleva a una muy peligrosa situación. Estamos inundados de brumas, de niebla, de desinformación.
Y es cada vez más difícil encontrar agua potable en la arrolladora marea que contamina todo. Están surgiendo algunas nuevas tecnologías que ayudan a distinguir la información contrastada y segura, como la que señala el futurólogo Eduardo Martínez de la Fe en una reciente crónica.
Incluso se ha sugerido distinguir, de alguna manera fácil y cierta, las informaciones contrastadas del resto. Algunas webs están trabajando en este sentido. Es una cuestión crucial o la marea nos va a asfixiar a todos. El asunto puede necesitar algún tipo de colaboración trasfronteriza.
(1) La hiperconectividad explica la conectividad que existe las 24 hrs. del día los 365 días del año en los entornos digitales y la interacción entre sistemas de información, datos y dispositivos, todos ellos relacionados entre sí a través de internet. Implica estar enlazados en tiempo real con personas, máquinas y sistemas, no solo a través del internet móvil y las redes sociales, sino también con sistemas de información y datos, lo que crea un entorno donde la línea entre lo digital y lo físico se difumina.
