Las elecciones legislativas en Argentina que acaban de celebrarse tienen ya un claro ganador: el partido del presidente Javier Milei ha logrado contra pronóstico casi el 41% de los votos.

Se trata de una personalidad patológica, vociferante y narcisista, que cuadra con otro narcisista que es nada menos que el presidente de la primera potencia mundial, Donald Trump. Parece el signo de los tiempos, una señal que debería preocuparnos. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Argentina no es un país cualquiera, sino un caso muy singular: tiene un enorme potencial de riqueza, tierras entre las más fértiles del planeta, materias primas, inmenso espacio, población con buenos niveles de educación, escritores ilustres…

En los años veinte se situaba entre las naciones con mayor renta per cápita del mundo. Su capital, Buenos Aires, tiene aún hechuras de gran capital europea.

Luego llegó un general, Perón, que, en la Segunda Guerra mundial, se alineó con el fascismo insurgente. El caso de Eva Duarte de Perón necesitaría todo el talento de Sigmund Freud para ilustrarlo y tratar de explicarlo.

El peronismo prometía deslumbrantes atajos para los “descamisados”, la clase más desfavorecida del milagro del Rio de la Plata. La realidad fue un declive sin final que llega hasta nuestros días, con una inflación que ha batido todas las marcas mundiales, un endeudamiento estratosférico y el auge de un populismo ponzoñoso y letal.

De ese laberinto emerge Milei. Taza y media de lo mismo. ¡Pobre Argentina! Es uno de los países más deslumbrantes que he tenido la suerte de conocer.

Hace años que leí un magnifico análisis del caso argentino escrito por el autor británico y premio Nobel de literatura V.S. Naipaul. “Argentina es una tierra de saqueo”, concluyó.

Ahora Trump quiere rescatar a su amigo Milei con un fondo multimillonario que no sale de su bolsillo.  No se pierdan la continuación.