Nuestra foto de portada corresponde a tres tomas del impresionante vanguardismo de la arquitectura de Brasilia elegidas por la arquitecta Cristina García-Rosales

El pasado 9 de abril en la “Casa de la Cultura” de La Calle Floridablanca de San Lorenzo de El Escorial, la arquitecta y escritora Cristina García-Rosales, dictó una conferencia sobre Brasilia, una de esas creaciones únicas que forman parte de uno de los hechos más trascendentales de la segunda mitad del siglo pasado, tanto por su valor urbanístico como artístico, además de su tremendo impacto social, económico, cultural y político para un país-continente como es Brasil.

Por ello, en www.mediaticsnews.com hemos querido hacernos eco, porque no solo abarca nuestra sección de cultura y sociedad, sino la de liderazgo, porque esto es lo que en su momento representó esta vanguardia del diseño, al mismo tiempo que de una promesa política de un presidente que tenía en este proyecto la ambición que el desarrollo del Brasil inconmensurable se llevara a ese “gran interior” inabarcable.

Aquí una síntesis de la ponencia escrita por Cristina García-Rosales

“La belleza se impone a la sensibilidad del ser humano.” (Oscar Niemeyer).

Brasilia (“la ciudad de la esperanza” según Malraux) es la ciudad moderna más atractiva del siglo XX formalmente hablando. Surgida gracias al impulso del que fue Presidente de la República de Brasil, Juscelino Kubitchek, del urbanista Lucio Costa, del genio creador del arquitecto Oscar Niemeyer y de Roberto Burle-Marx, paisajista y autor de sus parques y jardines. Los cuatro, brasileños.        

Fundada en 1960 tras 41 meses de trabajo y a pesar de su arquitectura imaginativa, de su exquisita planificación y de su intención socialmente igualitaria, el resultado no llegó a ser exactamente como se esperaba. Brasilia tiene sus luces y sus sombras. Es cierto que fue muy criticada, posiblemente por generar demasiadas expectativas y porque los postulados del Movimiento Moderno sobre los que se levantó, resultaron enormemente rígidos.

Porque todo lo que comienza con esa necesidad acuciante de partir de cero, tuvo grandes fallos: uno de ellos es hacer tabla rasa con los anticuados modelos de las ciudades del pasado; otro una división estricta de funciones; y la más importante es que los principios sociales no se cumplieron.

Además, es una ciudad concebida para el automóvil, y las enormes distancias entre los edificios, bajo un sol de justicia, desaniman a sus ciudadanos y visitantes.

Consta de dos ejes: el Norte-Sur o Eje Monumental y el Este-Oeste. En este último se encuentran las viviendas, formando súper-cuadras o unidades residenciales, con equipamiento situados cerca para propiciar actividades vecinales. Lo más importante es que se diseñaron con un objetivo igualitario para que personas de diferentes estratos sociales, viviesen juntas, creando unidades idénticas entre sí.

El primer eje, es el más atractivo para el visitante, en el que Niemeyer consigue plasmar una arquitectura escultórica, con elementos sobrios, composición minimalista y de curvas imposibles. Él mismo lo llamó, “un espacio para la imaginación.

En la parte oriental del eje, a partir del cruce, aparecen los edificios más representativos del nuevo centro político: El Palacio de Planalto, El Palacio de Justicia y El Congreso Nacional que se reúnen en torno a la Plaza de los Tres Poderes.

La Catedral se sitúa al final del Eje con intención de realzarlo. En ella Niemeyer concilia la teatralidad y el sentido poético dando lugar a una sola pieza. Tal vez lo más significativo de ella es su estructura a base de nervios de hormigón. “Cuando la estructura está montada el edificio puede darse por terminado”, decía Niemeyer.

En el Palacio de la Alborada, residencia en su momento del Presidente de la República, crea una pieza como una caja de cristal enmarcada por una marquesina, con la que se remata a través de una galería abierta con una columnata curvilínea paralela a la fachada, que se refleja en las aguas del lago y semeja la ilusión de apoyar el edificio sobre arcos parabólicos. Su interior de 7.000 m2 es la antítesis del exterior por su excesivo formalismo.

El Palacio de Planalto es el lugar de trabajo del Presidente de la República donde de nuevo la estructura es la protagonista principal. Integrado en el conjunto más simbólico de la ciudad, la Plaza de los Tres Poderes.

El Congreso Nacional, relativamente cerca de los anteriores, situado en la misma Plaza, está compuesto por la Cámara Alta (Senado) y Cámara Baja (Asamblea). Los contrastes entre líneas curvas y rectas y entre los volúmenes sencillos, rectangulares, cóncavos y convexos, son la base de este conjunto. Los edificios administrativos forman dos torres de 28 plantas que forman un H entre sí, letra por las que empiezan hombre, honra y honestidad.

Conocer Brasilia es como viajar a un paraíso -con un problema de escala, eso sí-, a un oasis arquitectónico, a un lugar único y lleno de magia. No existe ninguna ciudad ni remotamente parecida ni en su concepción ni en su desarrollo. Pero está llena de contradicciones.

No tengo muy claro que me quedase a vivir allí. Desde mi punto de vista, como arquitecta amante de la belleza y como persona deseosa de que existan ciudades igualitarias y participativas, surgieron en mí grandes dudas.

Algunos habitantes me dijeron que el plazo de validez de Brasilia había vencido. Yo, sin embargo, no lo creo. La ciudad nació en un momento de optimismo vital en relación a lo que se esperaba entonces del futuro. Hoy en día el momento es distinto, pero no por ello hay que perder la esperanza de seguir diseñando un mundo mejor para nuestros hijos. Tal vez ellos sean los que den una oportunidad a la evolución de las urbes, así por lo menos algunos lo deseamos.

Las ciudades nos hablan, nos cuentan su historia. Brasilia tiene mucho que contar todavía. 50 años de vida no es nada cuando se habla de una ciudad. La planificación puede ser rígida y compacta, la estratificación social no deseable, pero existen buenas ideas, están ahí reflejadas y la historia nos dice que muchas soluciones difíciles, a medio plazo, han tenido arreglo.

¡Ojalá sea así!

Sólo me faltaría apuntar que es la única ciudad del mundo construida en el siglo XX a la que se le ha adjudicado -en 1987- el rango de ciudad “Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad”, otorgado por la UNESCO, lo que es un punto muy importante a su favor.

Nota del editor José Luis Zunni

La escritora y arquitecta Cristina García-Rosales ha contribuido con sus ideas, y también con su poderosa imaginación, al Manual de Management y Liderazgo que se editará hacia finales de 2026 y del cual estoy en proceso final de revisión. Justamente entendí que cuando queríamos ver la perspectiva que había que atender social, económica y políticamente desde el presente hasta no más de un lustro, en cuanto a qué aspectos debía circunscribirse el liderazgo, gracias a varias conversaciones en profundidad sobre cómo tenía que ser el futuro de las ciudades, especialmente las grandes urbes en los próximos años, la arquitecta García-Rosales nos ha aportado una visión urbanística y social que difícilmente pueden tener los economistas o los políticos. Por ello su conferencia magistral sobre Brasilia es una “bocanada de aire fresco” para los que tenemos la responsabilidad de pensar en el mejor futuro para las generaciones venideras.