Tenemos a Trump hasta en la sopa, hay un inmenso coro de papanatas aireando la última tontería descerebrada de un narcisista patológico y fascista. ¿Cómo es posible?

En la historia de la humanidad hay un montón de ejemplos de retrocesos y caídas, pues la historia no es un continuo, sino un zigzag que intenta encontrar un rumbo hacia el futuro.

Ya es hora de aplacar la nociva tendencia hacia la irracionalidad. De tratar a un payaso rosado como lo que es, un forúnculo en la evolución humana.

Mucho menos protagonismo, por favor. Hay un primer ministro británico que intentó aplacar a Hitler y ya sabemos lo que pasó. Costó varios millones de muertos.

Hay que cortar antes de que sea demasiado tarde. Poner al personaje en la picota, sacarle en las fotos con su sombrero de pirado, para que no haya dudas, sin complejos.

Que nos demande, que nos insulte, por favor. Un insulto de Trump es un homenaje. Empecemos por quitarle protagonismo, que es el alimento del monstruo. Menos citarle. Ignorarle le saca de quicio. Ese es el camino.