Los medios de información de todo el mundo libre andan estos días soliviantados porque los rastreadores de contenidos (1) arrasan indiscriminadamente con los que se presentan abiertos al público y con los cerrados, incluso con fuertes muros de pago.

Algunos de los editores de medios de prestigio, como “The Guardian”, por poner un ejemplo, han empezado a tomar medidas ante lo que consideran un flagrante abuso.

Intentan poner barreras tecnológicas para impedir estos hechos. Es pronto todavía para ver el horizonte, pero la cuestión es bastante trascendental.

¿De quién es la información? La respuesta que parece lógica: de quien la hace pública. Pero no es tan sencillo.

Hay otra corriente que afirma que la información es como el aire o el agua, la tierra, el espacio, un bien público (2) que no debe ser enajenado.

¿Entonces? Estamos en el sendero de los caminos que se bifurcan. Esto se pone interesante. Atentos.

(1) Los rastreadores de contenido en internet, comúnmente llamados web crawlers, bots o arañas, son programas automatizados que navegan sistemáticamente por la web para descubrir, leer e indexar páginas. Utilizados principalmente por motores de búsqueda (como Google) para estructurar la información, también se emplean para el análisis de datos, SEO y el monitoreo de cambios en sitios web
(2) La información generada y difundida por los medios de comunicación pública es considerada un bien común y pertenece a la ciudadanía. Se basa en el derecho de acceso a la información, donde los datos obtenidos por entidades gubernamentales deben ser públicos y accesibles, garantizando la transparencia y la rendición de cuentas, bajo los límites establecidos por la ley.