¿Qué es lo que hizo a Estados Unidos convertirse en la primera potencia mundial? Desde luego no es lo que propugna su actual presidente, un narcisista patológico e ignorante, que es el más claro exponente de la decadencia del que fuera un gran país.
Durante muchos años fue un faro que atrajo a millones de personas de todo el mundo, gente emprendedora y trabajadora, que buscaba un futuro mejor. Ahora cierra sus fronteras y expulsa a esa misma gente.
Hay un libro, ya un clásico, “Por qué fracasan los países”, de Acemoglu y Robinson (1), que resuelve la cuestión brillantemente y hoy día está aceptado mayoritariamente por la comunidad internacional de economistas.
En resumen, los países pobres no lo son por falta de recursos o cultura, sino porque sus élites han creado sistemas políticos que les permiten explotar a la mayoría.
La solución es crear instituciones que fomenten la pluralidad y la participación, aunque el camino para lograrlo es complejo y varía para cada nación.
Las sociedades extractivas son, por ejemplo, la India colonial, Argentina, México, etc. EE.UU. ha sido el ejemplo más admirado de sociedad inclusiva…hasta ahora.
Con Trump ha emprendido el camino inverso. No es muy aventurado predecir que en unos pocos años será una potencia poco relevante en el contexto global. Las ideas de su presidente se fundamentan en una visión radicada en el siglo diecinueve en una serie de naciones.
En el siglo XXI, basar el progreso y la expansión en guerras y no en tecnologías y comercio, es un suicidio. Un diagnóstico que sirve también para Rusia.
China, la potencia emergente, es el caso contrario: una nación supuestamente comunista, que ha emprendido su despegue en bien fundamentadas bases poscapitalistas. Hagan sus apuestas.

Siempre súper interesante