El tsunami Silver
En España la población con más de 65 años representaba el 5,13 % de la población total en 1950. Hoy es el 23%. Y en el 2050 casi 1/3 de la población superará los 65 años.
Este rápido y brutal cambio va a condicionar enormemente la sociedad española en los próximos años. Raramente se destacan estos hechos, de enorme trascendencia, en los noticieros al uso. Esto se debe entre otras cosas, a una drástica caída de la natalidad: en 1950 sólo en 5% de la población superaba los 65 años. Hoy es el 23%.
Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) señalan que en el año 2045 la población mayor de 65 años podría superar los 15,9 millones, lo que equivaldría al 29,2% del total de habitantes.
Además, el fenómeno de la feminización de la vejez es constante: más del 80 % de los centenarios son mujeres y, entre los mayores de 65 años, ellas les superan netamente en un 29, 5%.
Esto se debe, entre otras cosas, al aumento de la esperanza de vida, que ha superado los 83 años de media y sitúa a España como una de las poblaciones más envejecidas de Europa.
La fecundidad se mantiene muy por debajo del nivel de reemplazo generacional (apenas 1,2 hijos por mujer). El saldo negativo se compensa sólo parcialmente por la inmigración.
Otro aspecto creciente es la presencia de personas mayores extranjeras (más de medio millón, el 5,1 % del total de mayores), impulsando el papel de nuestro país como destino de retiro.
La proporción de trabajadores por cada pensionista se está reduciendo drásticamente. El aumento de la demanda de servicios sanitarios, atención domiciliaria y cuidados profesionales es evidente, especialmente en los segmentos de mayores de 80 años, con altas tasas de cronicidad y dependencia.
Estos datos obligan a reorganizar los recursos asistenciales y demandan mayores inversiones en salud y atención social.
Se prevé que para 2050 el crecimiento del PIB español se reduzca un 40%. Estos hechos nos obligan a adaptar el entorno urbano y residencial, promover el envejecimiento activo para mitigar los problemas derivados de la soledad, la pérdida de las capacidades funcionales y la presión sobre los cuidadores familiares. Es imprescindible la reforma de los sistemas de pensiones y de salud para garantizar su sostenibilidad.
El envejecimiento de la población en España representa un proceso estructural que transformará la sociedad, la economía y las prioridades políticas del país durante las próximas décadas, exigiendo respuestas innovadoras por parte de las instituciones y de la ciudadanía.
Tenemos un esquema de población con la pirámide invertida. El segmento de los 40 a los 65 años es mayoritario. Esto nos lleva a un fenómeno creciente de desigualdad.
Necesitamos una nueva definición de la vejez y una política muy disruptiva sobre la situación actual, que ha quedado totalmente obsoleta.
Este desafío es también una enorme oportunidad. España tiene la posibilidad cercana de situarse como un país adelantado en la gestión del envejecimiento a nivel mundial.
