Adolfo Marsillac cantaba hace muchos años en el Teatro Español: ¡“Que vivos que son los ejecutivos, tienen la sartén por el mango y el mango también!
La situación ha mejorado mucho para ellos en este tiempo, pero me temo que para la sociedad en su conjunto ha empeorado dramáticamente. Veamos los datos a día de hoy.
La remuneración de los altos ejecutivos españoles en 2025 muestra una desigualdad persistente y creciente respecto a los salarios de sus empleados. Mientras que los CEO de las grandes compañías —especialmente las del IBEX 35— alcanzan sueldos multimillonarios, la retribución media de sus plantillas apenas refleja incrementos marginales. Esta diferencia sitúa a España entre los países europeos con mayores brechas retributivas internas, aunque aún por debajo de los niveles extremos de Estados Unidos o Reino Unido.
En 2024, los consejeros delegados del IBEX 35 ganaron de media cinco millones de euros, mientras que sus empleados percibieron unos 63.289 euros brutos anuales.
La brecha resultante —79 veces superior— ha permanecido prácticamente inalterada en los últimos cinco años, lo que demuestra una estructura empresarial fuertemente concentrada en la cúpula.
Casos concretos como Ana Botín (Banco Santander, 13,7 millones) o Ignacio Sánchez Galán (Iberdrola, 14,1 millones) ejemplifican cómo los salarios más altos pueden superar entre 150 y 300 veces el sueldo medio de la plantilla.
En términos agregados, la CNMV calcula que desde 2004 la remuneración media de los consejeros ejecutivos ha pasado de 1,37 a 3,73 millones de euros brutos anuales, un aumento del 172% —casi el triple del incremento del salario medio español durante el mismo periodo. De hecho, solo en 2024 las retribuciones de los altos cargos subieron un 8,6%, mientras que los sueldos de los trabajadores crecieron en torno al 3%.
La diferencia salarial entre ejecutivos y trabajadores se mantiene en un punto crítico. Según datos de Forbes y CNMV, un empleado medio de las grandes empresas necesitaría casi dos vidas laborales completas para ganar lo que su jefe percibe en un solo año.
En empresas como Prosegur, la brecha llega a 361 veces, y en CIE Automotive, a 312; incluso en compañías más moderadas como BBVA o Naturgy la diferencia supera las 90 veces.
Esta desproporción se agrava por el hecho de que los salarios más altos no siempre responden a mejoras de rendimiento empresarial. En ocasiones, una parte significativa proviene de bonus, incentivos por objetivos e incluso compensaciones extraordinarias ligadas a indemnizaciones o ejercicios de opciones sobre acciones, como se observó en Telefónica o Repsol en 2024.
La estructura retributiva española presenta tres factores clave: una alta concentración del poder de decisión en los consejos, una débil transparencia efectiva en los mecanismos de control interno y un modelo económico que premia excesivamente la gestión de corto plazo.
Las empresas del IBEX suelen justificar los salarios ejecutivos en términos de “competitividad internacional”, pero los expertos coinciden en que la magnitud de las diferencias no guarda proporción con la productividad agregada.
Además, los estudios del INE y del Observatorio de Igualdad y Empleo confirman que la brecha retributiva en puestos directivos sigue creciendo: de media, un directivo en España gana un 459% más que el salario mínimo, y solo el 9,2% de las direcciones generales están ocupadas por mujeres.
En 2025, la diferencia entre hombres y mujeres en altos cargos se sitúa en un 12,9%, revirtiendo la tendencia de mejora registrada hasta 2024.
El debate sobre los límites éticos y económicos de la remuneración ejecutiva ha cobrado fuerza. Desde el ámbito político y sindical se propone vincular los incentivos variables a indicadores sociales, ambientales y de gobernanza (ESG), una tendencia incipiente en algunos sectores como el energético o el financiero. No obstante, la implantación real es aún mínima, y la fiscalidad sobre las rentas del capital y las stock options beneficia especialmente a las élites directivas.
En paralelo, las consultoras de talento señalan una brecha geográfica: los salarios más elevados se concentran en Madrid y Barcelona, donde algunos cargos directivos alcanzan los 300.000 euros anuales incluso fuera del IBEX, mientras que la media nacional en posiciones de responsabilidad ronda los 95.000 euros. Esta polarización refuerza el desequilibrio territorial y reproduce desigualdades estructurales en el mercado laboral español.
En conjunto, la remuneración de los altos ejecutivos españoles presenta una tendencia sostenida de incremento muy superior al resto de la población activa, lo que consolida una brecha que ya puede calificarse de estructural.
A pesar del discurso empresarial sobre la meritocracia y la atracción de talento global, los datos muestran que la desigualdad salarial se perpetúa y se amplía. El reto pendiente radica en equilibrar la retribución con criterios de sostenibilidad económica y justicia interna, para que el liderazgo corporativo en España no siga siendo sinónimo de privilegio desproporcionado frente a las bases laborales que sostienen las organizaciones.
Esta tendencia forma parte de la cara oculta del mundo, sobre la que los medios de comunicación apenas se ocupan. Claro está: ¿de quién son los medios? Aquí iremos informando de otras caras ocultas, para que los que nos sigan tengan una valiosa idea de las raíces profundas de las realidades que vivimos.
