No es nada nuevo ni vamos a descubrir aquí el Mediterráneo. Sabemos que nadamos en un mar de información plana de bajo nivel, que se copia de unos a otros, describiendo la superficie agitada de la actualidad, sin intentar al menos profundizar en las masas de agua que conforman el planeta.

¿Es que prevalece el sensacionalismo? Si es así, entonces la pregunta es: ¿a qué se debe? Es obvio que existen varios elementos que convergen simultáneamente, que son tanto económicos, como la fuerte innovación tecnológica y muy especialmente, los impactos que se buscan en la psicología social.

El mundo virtual quiere que cuando una persona busca en él, por ejemplo, en un diario digital, se quede en el sitio, que sea atrapado por un titular que engancha, independientemente de la profundidad con la que se trate la información. Esto lleva a que se estén creando contenidos más vinculados a los potenciales clics de los usuarios que visitan el sitio, además de estar “tentando” sus reacciones emocionales.

Tiene mucho de trasfondo el jocoso lema del Gran Wyoming: “Estas son las noticias y ahora les vamos a contar la verdad”.

Es cada vez más difícil encontrar agua potable en nuestra abrumadora inundación. Tal vez un pequeño grupo de periodistas deberíamos poner en marcha un noticiero en Internet que llamaríamos AGUA POTABLE.

Solo apuntaremos aquí algunas pinceladas

– La muy importante información económica es con demasiada frecuencia un mero “sube y baja”, que aburre a las ovejas.

– Destacamos como protagonistas a meras pantallas, aunque sean presidentes de una gran nación.

– ¿Quiénes son los actores de esta pantomima y quienes los verdaderos artífices?

– ¿Cuántas personas en España saben quién es, por ejemplo, Larry Fink, y siguen sus andanzas? Pues decide con amplios poderes sobre un fondo de inversiones, BlackRock, con activos por nueve billones de dólares, varias veces el PIB de España.

Junto con Vanguard, Fidelity, State Street y J.P. Morgan, totalizan ellos solos 27 billones de dólares en activos.

Las televisiones entrevistan cada día a algunos becarios de las finanzas que opinan sobre la marcha de los mercados. Resulta bastante ridículo.

Hay que recordar que estamos en un panorama al que se denomina “economía de la atención”, por lo que los diferentes sitios requieren, que la gente haga clic para que se generen ingresos.

Este es un condicionante importantísimo para que los titulares se exageren, y con frecuencia se publique una información sin la suficiente verificación sobre la realidad de los hechos que se cuentan.

La inmediatez tiene un elevadísimo coste negativo para el ciudadano lector y antes o después, para la reputación corporativa del medio que entra en este juego.