Nuestra foto de portada muestra dos típicos anuncios repetitivos de cosméticos y cervezas en la televisión
Los anuncios repetidos hasta la náusea tienen los días contados. ¡Albricias! ¡Ya era hora!
Se multiplican los datos que avisan de una tendencia fuerte en el mundo de la publicidad, una industria que ha tenido un enorme poder y ha gozado de una inercia cultural durante décadas.
Pero las agencias y las marcas ya no pueden seguir sin que se vean con demasiada frecuencia las miserias y las costuras.
La tecnología también está poniendo clavos en este ataúd, pues de manera creciente, proporciona herramientas que permiten no solo bloquear anuncios sino especialmente personalizar la información que recibes, como hace por ejemplo, Advances TV, añadiendo la interactividad.
La publicidad en las televisiones tradicionales aún son una mina de oro. El duopolio Mediaset y Atresmedia se reparten cada una unos 660 millones de euros al año por los anuncios con los que nos machacan.
Hasta el Gran Wyoming parece disculparse cuando da paso a la publicidad.
Ésta ya ha desaparecido prácticamente de los periódicos y de otros muchos soportes. Las empresas que se han avivado a tiempo han hecho sus propias transiciones, buscando proporcionar información útil antes que spots repetitivos.
No es fácil, pero los datos son muy elocuentes. La cuota que se llevan las televisiones tradicionales del maná televisivo ha bajado desde el 24% del total de la publicidad hace menos de diez años al 11% previsto para el año entrante. Y el retroceso continúa.
En EEUU, los anuncios en la TV lineal se están desplomando.
Anunciantes y agencias cuestionan cada vez más la eficacia de la tele como medio publicitario.
