El pasado sábado 6 de diciembre día de la Constitución, ha sido para mí como un aldabonazo en la conciencia de este país, con peligrosas tendencias cainitas.
Creo que debemos hacer algo, aunque sea pequeño y humilde, como este comentario. Una vez más, la tónica ha sido el enfrentamiento, la descalificación del adversario y el insulto.
La realización y aprobación de la Constitución ha sido un magnífico ejemplo de cómo se puede llegar a un consenso, que probablemente está en la raíz de la actual bonanza de la economía española, la que más crece de Europa ahora.
No es una mera cuestión teórica o de buenos modales, sino una cuestión crucial y profunda. Vivimos tiempos turbulentos, de cambios meteórico, nos jugamos mucho. No solamente España, Europa entera está en una encrucijada vital.
La Unión Europea será unificadora y consensuada o será irrelevante. Ser o no ser.
Soy periodista desde hace unos 45 años y creo que nos toca una responsabilidad añadida a los que intentamos poner una brizna de cordura y consenso en el actual debate encarnecido. No es una cuestión de derechas o izquierdas, no es ideología, es simple sensatez.
Una propuesta: cuando alguien, político, o particular de a pie, emplee una descalificación inapropiada en un debate público, debemos de alguna forma enseñarle bandera roja, sea del signo que sea. No se trata de censura, sino de empezar a poner freno a la desproporción, a la inquina, al enfrentamiento. Una pequeña pero significativa luz de atención. Nada más. ¿Empezamos?
