Debo empezar por dar las gracias a la catedrática de Filología Románica Victoria Cirlot por llamar mi atención sobre una palabra bellísima: feérico, propio de las hadas.

Creo que vivimos rodeados de hadas, muchas buenas, bienintencionadas. Otras pueden ser maliciosas y resentidas, claro, pero son las menos.

Siempre he sentido el revoloteo mágico a mi alrededor, no concibo mi vida sin la magia y lo extraordinario.

Ayudé a formarse la Sociedad Española de Parapsicología, con su cámara Kirlian que fotografiaba el aura de las personas, la cartomancia y otras mancias, los manosantas, los dotados y las enseñanzas de Don Juan, que dieron lugar a varios libros de éxito.

He visto todo un cortejo de espectros visionarios, fantasmas que se deshacían con un simple pinchazo.

Mi madre cometió el error de preguntar a un chamán mexicano por el día exacto de su muerte. Y se lo dijo con más de 25 años de adelanto.

No conviene, no vaya a ser que acierte.

“El rostro oculto de la mente” es un libro escrito por un cura que apunta casos y cosas bastante inexplicables. Recordemos que la telepatía está probada experimentalmente. Como ciertas formas de precognición y conocimientos teóricamente ocultos.

Estamos rodeados de misterios, pero generalmente estamos ciegos para reconocerlos. O protegernos mirando hacia otro lado.

Estamos justo en el gozne de un mundo nuevo, con sus esperanzas y sus peligros. Tenemos la suerte y la desgracia de vivir tiempos muy interesantes. Tengan los ojos bien abiertos al mundo feérico.