En nuestra foto de portada, a la izquierda, un grupo de actores participando en un ensayo de teatro en interiores; a la derecha, un teatro vacío con asientos rojos y una iluminación tenue que captura una atmósfera tranquila.

El cubano Virgilio Piñera escribió “Dos viejos pánicos”, una obra de teatro que fuera publicada y galardonada con el premio Casa de las Américas en 1968, y que hace ya bastantes años Maite Brik (Maite Matalonga para mi) la representó en un teatro de Madrid junto con un actor que se alojó en su casa, que había dirigido nada menos que el teatro nacional de Oslo, donde vivió un tiempo.

La obra era durísima, terrible: dos ancianos, Tota y Tabo, se entregan a un juego peligroso, rememorando su pasado y acusándose. Tabo recorta fotos de una revista para quemarlas. Todo es muy simbólico. Recuerda al teatro del absurdo, “Esperando a Godot”, que tuvo bastante éxito en medio mundo, que es una tragicomedia en dos actos, considerada una obra perteneciente al teatro del absurdo, escrita a finales de los años 1940 por Samuel Beckett.

Pero los tiempos han cambiado bastante radicalmente. Enrique Dans, una autoridad sobre el mundo que viene, nos indica que “Todo vuelve a cambiar”, invitándonos a dejar el pasado cuando en nuestros días asistimos a una nueva revolución tecnológica que afectará prácticamente a todas las actividades e industrias. Esta nueva disrupción es la Web3, la próxima generación de internet que promete transformar por completo la manera en que interactuamos y hacemos negocios en ella.

Especialmente cuando ese pasado es hijo de un mundo de posguerra que ya no existe más. Como Tota y Tabo, como Vladimir y Estragon que son los dos personajes principales de “Esperando a Godot”.

Ahora los dos viejos pánicos ya no tienen miedo. Más bien son dos viejos amantes, como en la preciosa canción de Jaques Brel. “Mi dulce, mi tierno, mi maravilloso amor, desde la primera luz del amanecer hasta el último rescoldo, te quiero, te quiero todavía. Hemos necesitado mucho talento para llegar a viejos sin ser del todo adultos. Por supuesto, tuvimos tormentas, desencuentros, pero finalmente, finalmente, dejamos que el azar hiciese su camino y fue la tierna guerra”.

Seremos polvo enamorado, pero no de la muerte. Ese es mi compromiso