La arquitecta y escritora Cristina García-Rosales nos sorprende y deleita al mismo tiempo, sacando a la luz aquellas “joyas” arquitectónicas que la mayoría aún no ha descubierto a pesar de haber pasado frente a ellas decenas de veces.
Caminar por la ciudad sin rumbo fijo, vagar por sus calles y callejas, nos predispone a encontrar nuevas arquitecturas o arquitecturas no tan conocidas. Fachadas. Cubiertas. Detalles. Ventanas. Portales. Edificios por los que hemos pasado mil veces sin fijarnos, sin responder a sus guiños. Demasiado ensimismados en problemas y obligaciones.

La Casa de los Lagartos es un edificio a descubrir. Situado en la esquina entre las calles de Fernando VI y Hortaleza, sino estamos acostumbrados a mirar a las alturas, probablemente no lo conozcamos.

De estilo modernista (tipo secesionista vienés, movimiento liderado por Otto Wagner), su arquitecto –Benito González del Valle-, se las vio y se las deseó en 1910 para meter una planta de viviendas en un solar irregular y estrecho (5 m. de fondo) y, encima, con esquinas. Pero lo consiguió, colocando la escalera en el centro y una casa a cada lado. Casas pasillo, claro, sin patios y con un final feliz en forma de chaflán.

Pero no es la planta lo que nos interesa sino su alzado. Y sobre todo esos reptiles que sujetan –ayudando a las ménsulas-, al pequeño saliente de cubierta, pareciendo que quisieran reptar hasta llegar a la azotea. Son los lagartos, usados hasta la saciedad en el modernismo como elementos ornamentales, no sólo para edificios, también para muebles y joyas.

El resto de la fachada sorprende por su modernidad a la que se adelanta. Los huecos necesarios (las estancias de las viviendas son todas exteriores, el pasillo dando a la parte ciega), son horizontales, sin apenas más adornos que unas curvas a ambos lados de los dinteles. Sigue un criterio sencillo y simétrico, carece de balconadas y de miradores, aunque todavía se permite un ligero esgrafiado bajo las ventanas y en la línea de forjados.



Las viviendas eran originalmente de alquiler para la clase trabajadora. Hoy probablemente se vendan a precios millonarios a los que solamente podrán acceder otros lagartos de peor catadura.
Cristina García-Rosales
Arquitecta y escritora
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