Nuestra foto de portada nos hace pensar en lo insignificante que somos a nivel de naciones individuales, porque el mundo al que vamos es un juego de poder geopolítico en el que se juegan su futuro regiones inmensas
Durante bastantes décadas el mundo ha estado regido por una potencia hegemónica, Estados Unidos, seguida por una cierta oposición geopolítica centrada en Rusia y un observador que renuncia a entrar en esta pugna, China.
Todo ha cambiado muy rápidamente: EEUU está dando pasos para abandonar de facto su posición. Hemos entrado en un mundo pos-americano sin jerarquía, sin orden.
Cada cual deberá acomodarse como puedan o sepan. Europa especialmente deberá replantearse su lugar en esta galaxia sin un sol central. Asia tendrá un importante papel.
¿Cómo tendrá que hacer entonces Europa para replantearse su lugar y peso político y económico en el mundo? Creo de interés destacar lo que ya dijera en mayo de 2024, Santiago de Navascués profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Navarra, en un interesante artículo en la Web de la Universidad que titulaba “Tres escenarios para el futuro de Europa”, en el que daba opciones a seguir como socio menor de EEUU y la OTAN, sucumbir a la esfera de influencia de Rusia y China, u optar por una tercera vía sin tomar partido.
Uno de los temas que se deberá abordar será sin duda el “Cambio Climático”, que ya estamos empezando a sufrir.
Obligará a un replanteamiento geopolítico general del mundo, hacia el Norte y los refugios climáticos. Y la pregunta que cabe formularnos entonces es: ¿estamos a nivel global enfrentándonos a ese replanteamiento geopolítico? Por supuesto que la respuesta es positiva, porque nos encontramos en pleno proceso de una profunda transformación en las políticas nacionales de los países, que están cada vez más condicionadas por una nueva geopolítica que los analistas definen como la transición definitiva hacia un mundo multipolar o una «policrisis» internacional. ¿Y esto tiene consecuencias? ¡Pues claro que sí!
El orden internacional establecido tras la Guerra Fría está siendo sustituido por una estructura donde el poder está más fragmentado y en constante disputa. Aunque no podemos perder la perspectiva respecto a que el eje Washington-Pekín como eterna rivalidad estructural entre Estados Unidos y China sigue siendo el motor principal de la geopolítica mundial.
Pero no puede obviarse que es la competencia por conseguir la supremacía tecnológica el motor más importante para ejercer influencia no solo global, sino en sus respectivos hemisferios de origen, aunque quiénes predominan en su capacidad militar en la región Indo-Pacífico, están en constante carrera de demostrar quién es el mejor preparado.
No menos importante es el papal de Rusia, con la persistencia del conflicto en Ucrania y el alineamiento de Moscú con Pekín que han consolidado una fractura profunda entre Occidente y un bloque euroasiático alternativo.
Y en todo este escenario aparecen actores como India, Brasil, Sudáfrica y Arabia Saudita que no se alinean automáticamente con ninguna superpotencia, ya que han elegido ejercer una diplomacia transaccional o «multialineamiento», buscando su propio beneficio estratégico.
