Nuestra foto de portada nos muestra, a la izquierda, un impresionante iceberg en medio de un paisaje antártico pristino con cielos azules claros y montañas nevadas; la de la derecha, una impresionante vista de las dunas de arena doradas en el Sáhara argelino bajo un cielo claro al atardecer
(Capitulo del libro en preparación: EL MUNDO DE MAÑANA.)
El cambio climático y el calentamiento global es uno de los principales problemas de la humanidad. Hay una abrumadora evidencia científica al respecto, pero el tema no ha calado todavía a nivel de la opinión pública, que prefiera pensar que el tema del clima es una cuestión que viene y va, sin gran trascendencia.
Pero dejemos clara una cosa: ambos factores de riesgo (cambio climático y el calentamiento global) son considerados uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta nuestra especie, debido a su naturaleza sistémica y multiplicadora de riesgos. ¿Qué significa esto? Que lo preocupante no es solo focalizar y actuar ante un problema ambiental u ecológico, sino lo que en realidad está manifestando cada vez que se materializa en algún desastre natural (generalmente no previsto o si, lo ha sido, muy difícil de evitar las catastróficas consecuencias) que se trata de una crisis transversal que afecta la estabilidad económica, la seguridad alimentaria, la salud pública y la geopolítica global.
Un libro reciente “Here comes the sun” (Aquí llega el sol), no traducido aún al español, expone el tema con claridad y explica la salida que aún está en nuestras manos. Lo ha escrito el activista norteamericano Bill McKibben, fundador de varias organizaciones ambientales y reconocido mundialmente.
La temperatura del planeta ha aumentado de manera imparable. Los récords de temperatura y los incendios forestales nos indican que el planeta ha llegado a un punto crítico.
Cada décima que aumenta la temperatura global transforma una región relativamente segura en una más peligrosa para 100 millones de personas. Ya no hay vuelta atrás en lo que le hemos hecho al planeta.
Hemos alterado límites físicos profundos y la situación va a empeorar. Pero por primera vez se nos abre un camino nuevo: la energía del sol y del viento y las baterías.
También es un paso importante para la paz mundial. No tenemos perdón si no aprovechamos esta oportunidad increíble. Las turbinas eólicas, los paneles solares y las baterías, son la salida que aún está en nuestras manos.
Hace cinco o seis años cruzamos una línea invisible cuando se volvió más barato producir energía del sol y del viento que quemar combustibles fósiles. España ha demostrado recientemente que las energías renovables hicieron que el país estuviera menos expuesto al impacto de los precios derivados de la guerra de Irán.
China se ha adelantado: el 50% de la energía limpia que el mundo ha instalado en esta década se ha construido en China.
Tenemos el ejemplo de California. Durante el día produce más del 100% de su electricidad con energías renovables y por la noche una de las principales fuentes de suministro para su red eléctrica son las baterías.
El suministro de minerales para la producción de energía ya no son un problema. Ante el temor de que el litio pudiera escasear, se ha descubierto como fabricar baterías con sodio, el sexto elemento más abundante en la corteza terrestre.
Se nos ha alertado que la Inteligencia Artificial va a necesitar mucha energía, pero ya se ha visto que en realidad vamos a necesitar menos energía que el aire acondicionado en las próximas décadas.
Las industrias basadas en combustibles fósiles distorsionan la opinión pública con datos y apreciaciones interesadas. Cuidado con sus informaciones.
España debería centrarse en desarrollar una industria adelantada de baterías, con posibles asociaciones con China.
