Nuestra foto de portada corresponde al Salón de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que fue creada en 1945 fue mantener la paz y la seguridad internacionales tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial, prevenir conflictos, defender los derechos humanos, fomentar la cooperación y ser un foro neutral donde los gobiernos puedan debatir problemas comunes y buscar soluciones conjuntas.
Pocos países en el mundo deben cargar con el pesado estigma de una guerra civil. La española fue particularmente cruel y enconada.
Sin ánimo alarmista ni cargar las tintas, debemos llamar la atención sobre el duro debate en el Congreso en torno a los decretos sobre vivienda.
Desde fuera, parecería que se partía de un consenso muy mayoritario para proteger por ley a los inquilinos contra desahucios abusivos o al menos pertinaces, como el de la anciana que los dueños de su inmueble querían poner en la calle sin mayores contemplaciones.
El consenso político con frecuencia muy deteriorado por el impacto de la discrepancia más allá de lo razonable, es fundamental para abordar los temas de Estado, ya que garantiza la estabilidad y la permanencia de las reformas a largo plazo, independientemente del color político del gobierno de turno.
Y en el caso concreto de lo debatido sobre la vivienda, no es una cuestión coyuntural, sino estructural, por lo que habría que poner cada gobierno anterior al actual su cuota de responsabilidad sobre la mesa.
También hay que deponer todo tipo de posición ideológica netamente partidista, y anteponer el interés general y estratégico de cualquier nación frente al turno actual de los políticos que están en el Ejecutivo.
La solidez de las instituciones y la confianza en un estado por su seguridad jurídica, se mide por la sucesión de hechos que van marcando una personalidad política clara de cualquier nación.
El Gobierno actuó con lógica política y prontitud, pero el decreto ha naufragado en el Congreso poniendo en jaque la legislatura.
No es caso de señalar culpables, atizando un fuego que nos puede quemar a todos. ¡Con que facilidad cavamos trincheras!
Necesitamos más bien todo lo contrario: tender puentes, negociar consensos, buscar puntos de encuentro.
Por favor, no tiremos al niño junto con el agua de la bañera. Hemos dado un triste espectáculo con repercusión internacional. Justo lo contrario a lo que era aconsejable.
