Nuestra foto de portada, a la izquierda, el momento en el que estamos subiendo por la cordillera del Karakorum (1); a la derecha, una máscara de cráneo humano comprado en el mercado de los tibetanos.
Hace poco más de 50 años que empecé a viajar con alguna frecuencia fuera de mi país. Esta afición cambió mi vida, me dio una perspectiva esencial para entender, al menos un poco, el mundo en el que vivo. Y actualmente, revisando notas, fotos, diarios de viaje, además, por supuesto de estar visionando imágenes en mi memoria, me ha llevado a ponerme a escribir por fin ese “libro de viajes” emulando (con toda la modestia del mundo) a los grandes narradores de este estilo único de literatura. Algunos pasajes de mi narración los voy anticipando aquí en nuestro sitio www.mediaticsnews.com
He ejercido de periodista todos estos años, de una manera más profesional en los últimos diez años. Pero asiduamente he ido publicando pequeñas crónicas, también con testimonios gráficos, en mi página personal, en mi Facebook, y en otros soporte y redes.
Lo primero que tengo que decir es que viajar al extranjero ya no es lo que era. Dejo de lado los pequeños viajes de vacaciones, que nos dejan escasa huella. Hablo de los viajes que te sirven de reflexión, que te enriquecen tu vida, unos más y otros menos. Viajar es abrir una ventana hacia lo desconocido, hacia la luz, hacia el conocimiento.
Con frecuencia he viajado con poco dinero, casi siempre acompañado. He pasado frío, calor, hambre, avatares imprescindibles, así como otros de variada índole en este menester. A veces me he arriesgado, sin exagerar, dentro de unos márgenes.
Aquí solo quiero dejar una breve reflexión de fondo: viajar en 2026 tiene poco que ver con lo que era hace medio siglo. El mundo ha cambiado y esto es solo el principio.
Recomiendo en primer lugar leer a los grandes viajeros. No voy a enumerar aquí nombres y libros, no es el lugar. Con alguna frecuencia atravesé una frontera con gran curiosidad y expectativa. Pero no es el exotismo lo que más me atrajo y dejó huella. También necesité reposar la experiencia para entender cabalmente su legado.
Solo soy un muy modesto viajero, un diletante (2). A veces entré en un país del que no sabía casi nada, no siquiera su nombre. No había sitio para comer y dormir. Necesité la ayuda de una agencia o de especialistas para necesidades básicas. Pero vale mucho la pena.
La mayor parte de las veces, mis acompañantes soportaron con notable estoicismo las incomodidades e inconvenientes.
Pasada la experiencia, algunos y algunas, me mostraron su adictiva satisfacción. Debo decir que fueron mujeres las que con más frecuencia disfrutaron y soportaron las dificultades. Incluso diría que mucho mejor que yo. La mujer tiene unas cualidades innatas para soportar lo insoportable.
Un apunte imprescindible: no es lo mismo viajar cuando solo una pequeña minoría lo hace que cuando los viajeros son esencialmente “devoradores de paisajes”, como dice un célebre libro de hace años. Y actualmente hay, desgraciadamente, muchos paisajes devastados (3)
La población mundial suma más o menos 8.000 millones. Entre el 8% y el 10% de esa cifra realiza al menos un viaje fuera del suyo de origen. Eso representa entre 640 millones y 800 millones de personas. Empiezan a ser demasiados.
La principal tarea para los años venideros será como regular y encauzar ese tsunami sin devoramos a nosotros mismos. Los viajes virtuales van a ser una gran oportunidad y un desafío en los años venideros. Volveremos a escribir sobre esta espinosa y apasionante tarea.
