El colegio en la calle Infantes de El Escorial está a pocos metros de mi ventana. Los oigo cada mañana alborotando en la hora del recreo. No puedo dejar de pensar en lo que les espera. No lo tienen fácil. Algo hemos hecho mal los padres. Pido perdón por lo que me toca.
Estudié el bachillerato en el colegio El Pilar de Madrid, uno de los mejores en su época. Los viernes teníamos Cineforum con un coloquio moderado por un experto. Así vimos “El manantial de la doncella”, “El séptimo sello” Y otras muchas excelentes pelis.
En la facultad de Derecho de la Complutense corrimos delante de los “grises” y luego tomábamos unas cañas donde Manolo. Fueron unos buenos años.
Enseguida tuvimos trabajo, mal pagado, claro. Me fui de casa de mis padres en la calle Padilla a una habitación sin baño y sin ventilación en la calle Libertad.
La matrícula me costaba mil pesetas para todo el curso. Conocí a una chica, que era actriz para horror de mis padres. Se quedó embarazada. Y etc. etc…
No os voy a dar la charla, solo deciros que:
-No os dejéis comer la tostada con la Inteligencia Artificial Generativa, que juegue a vuestro favor, como una herramienta muy útil, que lo es, no para suprimir puestos de trabajo.
-Que los directivos no se suban el sueldo desaforadamente y dirijan siempre a su favor.
-Que los más ricos no saquen partido de su posición, en detrimento de la base.
-Aspirar a ser los profesores, no siempre los alumnos.
-Dar la mejor formación posible a vuestros hijos y nietos. Esa es la mejor herencia.
-Y disfrutar mucho de la vida, que son dos días.
-Y reíros mucho, la risa es salud.
El Escorial, un mayo lluvioso.
