El monarca más poderoso de su época, en cuyos dominios no se ponía nunca el Sol, escogió un paraje sin nada especial aparentemente, a 50 kilómetros de la capital, para construir el edificio de su vida.
Es un monasterio enorme, de estilo muy sobrio. Se levantó en un tiempo récord y se conserva perfecto 500 años más tarde.
Algo debió percibir aquel rey, «siempre de negro hasta los pies vestido». Vienen a visitarlo de todo el mundo.
Yo vine aquí por mi compañera, Cris. Al principio me quejaba de un poco de frío. Se asoma a una sierra nevada en las cumbres, estamos a mil metros sobre el nivel del mar.
Y nuestra casa es bastante grande. Pero la actividad cultural es extraordinaria. El Ateneo Escurialense tiene conferencias y actos culturales al nivel de la capital, para una localidad de unos 30.000 habitantes. Es raro que en una semana no haya algo que nos interese.
Doy cumplidas gracias a sus responsables. Tras el acto, hay debates muy animados. También música clásica en la preciosa iglesia del monasterio. Y no puedo dejar de mencionar su fabulosa biblioteca, los panteones donde duermen varios destacados reyes. Y un largo etcétera.
Con cuidadas villas y jardines. Y para cuidar de todo esto, hay un estudio de arquitectura para todo tipo de reformas, decoraciones, en un entorno extraordinario, junto al monte Abantos.
