Nuestra foto de portada es un claro reflejo del tremendo avance que la mujer ha hecho en todas las organizaciones y en todos los niveles de liderazgo. Aún falta mucho por lograr, por ello, los firmantes Ormaetxea y Zunni como hombres defienden y promueven un cada vez mayor posicionamiento de la mujer tanto en los ámbitos privados como públicos para la toma de decisiones. Nos iría mucho mejor a todos.
Si observamos el mundo desapasionadamente, lo más normal es llevarse un gran sofoco de preocupación y temor.
No vamos a hacer aquí un inventario de los enormes problemas medioambientales, de conflictos en marcha, de choques de intereses políticos y económicos, de dirigentes enloquecidos que postulan disparates globales, que defienden distintos tipos de violencia para imponer sus planteamientos y un largo etcétera, teniendo en cuenta que las potencias más fuertes en liza detentan el poder de destruir varias veces el mundo de distintas maneras.
Lo que sí vamos a procurar es de ver, como sucede en el cuento de Jorge Luis Borges, «El jardín de senderos que se bifurcan», cuál es la paradoja temporal. Borges no plantea el tiempo como una línea recta, sino como una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. La paradoja que plantea Borges es que todas las decisiones y todos los desenlaces ocurren simultáneamente, lo que es muy similar si lo comparamos con los escenarios actuales en los que además de decenas de miles de situaciones factibles de futuro (multiplicidad de futuros), seguimos “nadando” ciudadanos y dirigentes en un gran océano de incertidumbre.
Todo lo que vemos y ocurre a nuestro alrededor, nos está advirtiendo que estamos en una encrucijada vital: o damos un salto civilizador de gran envergadura o nos acercamos a la desaparición. Es así de simple y de terrible: mentalidades infantiles con poderes disruptivos. Lo peligroso de la situación actual es que lamentablemente la civilización está en condiciones de dar un salto al vacío sin contar con la posibilidad de rectificación. A esto concepto se le conoce en la comunidad científica y filosófica, como riesgo existencial: la posibilidad de que un evento destruya por completo el potencial futuro de la humanidad, ya sea provocando nuestra extinción o el colapso irreversible de la civilización. Y no es una cosa imposible habida cuenta del arsenal nuclear en poder de un Club de 9 países que poseen estas armas de destrucción masiva.
¿Cuál es entonces la diferencia con épocas pasadas desde que “el hombre gobierna la Tierra”? Cuando así se observa, con el método científico histórico, es obvio que la humanidad ha alcanzado un nivel de desarrollo tecnológico donde nuestras capacidades de destrucción superan nuestros mecanismos de control y gobernanza.
La tecnología se ha impuesto de tal manera, caso de la IA, que, en realidad, excepto para hacer el bien, por ejemplo, los avances tremendos para combatir enfermedades y que la IA es fundamental en el estudio de la microbiología, en cambio, si el impulso es para solo la dominación y el control, mal encaminada irá nuestra civilización (lo que queda de ella). Y lo más peligroso, para ciudadanos, pero especialmente para los dirigentes del ámbito público que tienen que definir medidas políticas de gobierno, será la gran incertidumbre de cómo actuar.
Y esto se debe a dos motivos: por un lado, la manifiesta incompetencia de la clase política mundial lamentablemente demostrada en los últimos años, por ejemplo, con la Guerra de Ucrania; la otra cuestión, la mala fe o dicho sin ambages, la pretensión de dominio y control de unos pocos (que no pasa del 1% de la población mundial) sobre la totalidad.
Los miles de años del Homo Sapiens sobre la tierra con tanta evolución tecnológica nos ha posicionado, por contrario de lo que sería lógico (un mundo de paz y desarrollo), al borde del abismo. No valen los paños calientes para tratar de enderezar la situación. Es dramáticamente tarde, la evolución se está acelerando de manera imparable, empujada por el progreso tecnológico y la Inteligencia Artificial avanzada, a la que hemos dado alas y poderes.
Hay un tecnofascismo que nos amenaza con distintos nombres, planteamientos y derivas. Utilizamos esta expresión porque es un neologismo que describe la alianza entre el poder político y el poder económico-tecnológico para instaurar formas de control social y autoritarismo mediante la inteligencia artificial, la vigilancia masiva y el análisis de datos. Obviamente, cuando escuchamos hablar de los límites éticos de la IA y la disrupción tecnológica en general, lo que no se nos dice al común de los mortales, es que lo que se quiere imponer es un “control de unos pocos”, por lo que las normativas que surgen de gobiernos, caso de la UE, de poco servirán para el poder omnímodo con el que cuentan los cinco o seis gigantes tecnológicos del orbe.
Durante muchos siglos hemos mantenido a la mitad de la población mundial dominada y subyugada con diferentes ideologías y organizaciones culturales. No es fácil, pero tal vez estamos a tiempo de rectificar. Las mujeres son generalmente mucho más proclives a los acuerdos, los compromisos y la negociación. Seamos sensatos y hagamos un trasvase organizado y paulatino de poderes y hegemonías.
Sin duda este planteamiento se va a encontrar con duras oposiciones. Empecemos por hablarlo y analizarlo desapasionadamente.
Y son varios y diversos los estudios, caso de los del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras investigaciones internacionales sobre liderazgo empresarial y político, que ponen de relieve que una mayor inclusión de la mujer en posiciones de liderazgo (sea en puestos de alta dirección en organizaciones privadas o en diferentes roles y funciones en los gobiernos nacionales, así como organizaciones supranacionales), está siempre asociado a un uso más eficiente (al mismo tiempo que prudente) de los recursos y políticas orientadas al desarrollo social, la salud y la educación.
En definitiva, estamos proponiendo organizar amplios debates transnacionales sobre el papel de la mujer en la era digital. Y que España sea una avanzada en esta cuestión, junto con los países nórdicos, Suiza, Singapur y un largo acompañamiento de sociedades y movimientos que han demostrado sensibilidades al respecto. Avancemos.
