Nuestra foto de portada, a la izquierda, una clásica locomotora a vapor; a la derecha, vista de la histórica fábrica de hierro de Völklingen, Alemania, que es Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Un aviso a navegantes: ni Miguel Ormaetxea ni José Luis Zunni pretendemos en nuestros artículos dejar cerrado el tema tratado… para nada. ¡Muy por el contrario…lo dejamos abierto para el debate y la réplica! Justamente esto es lo que procuramos hacer desde Linkedin y también desde nuestro grupo de WhatsApp “INFORMADOS”. 

Hay datos que apenas se publican ni se airean en medios, a pesar de ser enormemente elocuentes y esclarecedores, como si existiese una especia de conjura de políticos responsables cuya ineptitud se pondría en evidencia. Vamos a ver aquí algunos de esos datos, pero el tema da para mucho más y volveremos sobre esta cuestión en otras ocasiones.

Las revoluciones han atraído siempre la atención mundial, desde la más famosa de todas, la Revolución Francesa, que aparte de cortar cabezas ilustres, ha sido el faro de otras, aunque terminara entronizando a un dictador totalitario. Pero hay otras perspectivas de extraordinario interés.

Suiza no tiene casi recursos naturales, pero inventaron mucho más que el reloj de cuco. Es uno de los países más ricos del mundo, con una renta per cápita de 124.000 dólares, quinto país del mundo por este dato. Muy baja criminalidad y alta seguridad. Envidiable sanidad pública.  Miguel Ormaetxea ha vivido y trabajado en este país en varias ocasiones y siempre dice que le echa de menos.

Otro país muy destacable es Singapur, donde tiras un papel al suelo o fumas en público y te cae una multa de aúpa. Su renta per cápita es de 107.000 dólares, la octava más alta del mundo. Seguridad extrema, sanidad publica envidiable. Desempleo del 2%. Con escaso territorio, es una ciudad jardín.  Democracia escrupulosa.

En ninguno de esos dos países ha habido nada parecido a una revolución.

En Cuba ya sabemos que llegó Fidel y “mandó parar”. Tenía la renta per cápita más alta de Latinoamérica, con muy buenos recursos naturales. Ahora su renta es de 9.600 dólares. La vecina Panamá tiene más de 20.000. Apagones por muy escaso suministro eléctrico en Cuba. Diáspora de la población, cuando logran salir de la isla.

¿Queremos revolución o evolución? A nuestros queridos/as seguidores/as os proponemos unas reflexiones muy simples:

1º) En realidad, cuando nos planteamos la pregunta así de manera directa, no encontramos una respuesta única, ya que la preferencia entre la evolución y la revolución depende de la urgencia del cambio y de los riesgos que se estén dispuesto a asumir.

2º) En cuanto a la evolución (más suave, lenta y gradual) es la que menos “asusta” a las ciudadanías de los países, logrando siempre un proceso de transformación que es de tipo acumulativo en el tiempo. Esto implica, tanto para gobiernos como gobernados, menos riesgos y traumas sociales, o grandes saltos estructurales, lo que facilita el proceso de adaptación.

¡Pero ojo al dato! En este momento, por más pacífica que sea la transformación que la sociedad global está “aguantando” por “culpa” de la IA, se produce la paradoja, que depende el país y nivel de desarrollo social y económico que tenga, para que lo que debería ser una pacífica evolución, se convierta en una auténtica revolución. Incluso, en este momento, en países desarrollados de nuestro entorno europeo, se está viviendo más en una línea de revolución tecnológica (disrupción exponencial) que en una tranquila curva de evolución y crecimiento económico.

Justamente, si se le atribuye una desventaja a la evolución en contra de lo que implica una revolución, es que generalmente son procesos más largos, y que con frecuencia resultan insuficientes cuando los problemas requieren soluciones inmediatas. Y aquí llegamos a un nuevo punto crítico: la capacidad de liderazgo, que es en los momentos más complejos y transformadores, en los cuales deben mostrar su “estirpe” de líderes los responsables de tomar las decisiones de política económica, social y por supuesto, en el ámbito de las NT’s.

3º) En cuanto a la revolución, que siempre a lo largo de la historia ha significado cambios bruscos, a veces muy radicales, pero también profundos, es una fuerza de choque que en vez de ser adaptativa rompe con las estructuras anteriores. ¿Se debe a una necesidad, caso como fue la Revolución Francesa? Surge como una explosión necesaria ante una urgencia crítica o cuando un sistema está estancado y no se puede reformar poco a poco. Desde ya que cuenta con muchas desventajas, tales como las injusticias que se producen (con frecuencia violación de derechos humanos), así como el riesgo que supone para los responsables de llevarla adelante, y casi siempre resulta traumática para los gobernados y puede generar inestabilidad o violencia.

Pero no nos engañemos: lo que estamos viviendo hoy día de tanta incertidumbre e inestabilidad tiene varias aristas desde las cuales se puede hacer un diagnóstico:

a) Estamos metidos de lleno en medio de una revolución tecnológica con un grado de aceleración y profundidad como nunca antes había ocurrido. Y este proceso transformador está trastocando por completo la economía, la sociedad, el trabajo y la vida cotidiana.

b) Y si hay que hacer un alto y mirar desde un atalaya en el que se pueda ver mejor el horizonte, es desde lo que significa el concepto de una “buena gobernanza” de las naciones. ¿A qué se debe esta preocupación? La disrupción tecnológica impacta sobre aquella de manera directa, y cuánto más preparada está una clase dirigente, especialmente en el ámbito público (entendemos que en el privado siempre la tecnología y el conocimiento llegan antes y mejor), se producen obligatoriamente modificaciones en las relaciones entre el Estado y los ciudadanos, habida cuenta de cuestiones que siempre terminan siendo influenciadas como es en materia de seguridad nacional, economía y gestión pública.

No olvidemos que los gobiernos pueden utilizar el análisis de datos masivos (big data), la IA y la nube para agilizar trámites, personalizar servicios y optimizar la asignación de recursos públicos. Simultáneamente sobrevienen todos los riesgos derivados de la aplicación de las NT’s, tales como los desafíos que supone la ciberseguridad y soberanía, ya que, si hay una fuerte dependencia de infraestructuras digitales, semiconductores y redes de comunicación, se está exponiendo ese país a toda forma de ciberataques, espionaje y vulnerabilidades en servicios esenciales.

c) Los estados se enfrentan a una necesaria modificación de sus marcos regulatorios, ya que se enfrentan a tecnologías disruptivas exponenciales como la IA, el blockchain o los vehículos autónomos, por lo que se ven obligados a equilibrar entre el proceso per se de innovación (una cara de la moneda) con la otra: la ética, la privacidad y los derechos fundamentales (civiles).

Dijimos más arriba que dejamos abierto el debate…que a veces hay que dejar expuesta la problemática…para que otras mentes y otros dirigentes se detengan en ella y busquen soluciones. Desde el punto de vista de la “metodología de las ciencias” la diferencia entre enfrentarnos a un problema o a una problemática, es que el primero es un obstáculo, desviación o fallo puntual y delimitado en la realidad; en cuanto a la segunda, es una auténtica madeja compleja en la que convergen múltiples factores (problemas) interconectados, con efectos más o menos directos en los ámbitos sociales, económicos, culturales, políticos o históricos.

Y si tenemos en cuenta que, para un país desarrollado, el consenso de la ciencia política, la sociología y la economía favorece abrumadoramente la evolución frente a la revolución, con frecuencia ocurre que encender la mecha de una revolución puede sonar atractiva como un atajo para corregir injusticias o acelerar transformaciones.

Pero si aprendemos (especialmente la clase política) de la historia, las estructuras actuales de sociedades más evolucionadas y complejas demuestran que las dinámicas de cada enfoque generan resultados sustancialmente distintos, manteniéndose prioritariamente una línea de actuación política siempre próxima a la evolución en los países desarrollados.

Un aspecto esencial es la preservación de aquellas estructuras que funcionan bien (en todo caso “adaptabilidad” es el término frente a la disrupción tecnológica) y muy especialmente, se caracterizan por reducir la incertidumbre, uno de las cuestiones que trae de cabeza a toda la gobernanza global, que, a pesar del buen grado de desarrollo de una nación, los procesos de aceleración de cambio y transformación de las organizaciones privadas y mercados, hace que resulte complicado mantener la estabilidad y la predictibilidad, elementos esenciales para la inversión.

+ posts