Nuestra foto de portada nos muestra ese valor nostálgico del “blanco y negro” como contraste entre el periodista y reportero tradicional frente a la información online que nos inunda a cada instante
Cada vez es más frecuente comprobar como en las redes sociales que se vulneran los principios básicos del periodismo.
Hace más de 40 años que ejerzo como periodista profesional y considero mi deber, muy modesto, pero imprescindible, recordar estos principios que me inculcaron en la Facultad de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid.
Al lado mío se sentaba Joaquín Ruiz Jiménez, distinguido catedrático de Derecho de esa Universidad, que daba un preclaro ejemplo como alumno sacando un título de periodismo, que luego ejercería en la destacada publicación “Cuadernos para el Diálogo”, de gran ayuda en la transición.
Algunos libros de estilo, como el de “EL PAÍS”, que acertadamente mandó elaborar Juan Luis Cebrian, vinieron a paliar en buena medida estas notorias carencias, pero la proliferación desmesurada de todo tipo de comentarios y corrillos están malbaratando el acervo común.
Las redacciones virtuales y la Inteligencia Artificial aplicada han intoxicado brutalmente las opiniones compartidas. Debemos reaccionar con energía.
Primera regla básica: no se mezclan las opiniones con los hechos. Este vicio se ha convertido en un lugar común. Es de lo más frecuente opinar ya en el titular principal de la información.
Segundo, los hechos descritos deben investigarse y comprobarse, no darse por sentados.
Ahora disponemos de fuentes de comprobación que están desarrollando una gran labor para denunciar y erradicar bulos y disparates.
Todo el mundo parece metido al difícil y comprometido oficio de periodista. La credibilidad hay que cuidarla como algo precioso, un legado de oro para las sociedades avanzadas.
La buena información hace sociedades más libres y justas. Los gobiernos tienen unas responsabilidades básicas al respecto.
La necesaria pacificación de las relaciones internacionales debe basarse en buena información compartida y difundida.
Hay algunas publicaciones como “The Economist”, por poner un ejemplo, que son como faros en la noche.
Algunos países y dirigentes están suicidándose al respecto y van a pagarlo a muy alto precio. Atención a próximos comicios y elecciones, que sin duda darán elocuentes pistas sobre el futuro.
