Nuestra foto de portada es uno de los tantos momentos cotidianos en que la sensibilidad de la mujer se manifiesta
Voy a intentar explicarlo de manera corta: asintonía estructural. La bondad no está en sintonía con el corazón del mundo actual.
Puedes y debes ser bondadoso a nivel individual, pero si intentas elevarlo a categoría colectiva, fracasarás estrepitosamente.
Primero se deben dar determinadas características a nivel general. Por eso abogo y defiendo una aproximación paulatina. Y un posible camino es la elevación de la mujer a su verdadero sitio colectivo: dar la vida.
Debemos pasar de la vida biológica, que solo la mujer puede dar, a entronizar la bondad femenina en el corazón de la sociedad.
Es una transición que no puede ser corta ni fácil. Hay que corregir una enorme injusticia histórica: la marginación de la mujer en las sociedades patriarcales.
El Homo Sapiens salió del claustro materno como una rebelión contra su origen. Algo así como el Ángel Caído. Ese Ángel debe levantarse ayudado por una mujer, su madre. Y levantar el vuelo. Hacia las estrellas, de donde procede.
Tal vez soy estructuralmente mujer, aunque sea biológicamente hombre. Por eso mi madre me ponía un pañuelo en la cabeza y me llamaba “Mi Micaelita”.
Nunca entendí a mi padre ni sintonicé con él: el Pecado Original. Siempre me he entendido mejor con las mujeres que con los hombres.
