La muerte de Ali Jameneí y el ataque de EEUU e Israel a Irán marca un punto de inflexión, un cambio de era.

Los regímenes teocráticos, en lo que una religión marca las bases del Estado y la organización de la sociedad, han entrado en su ocaso.

No será un proceso rápido, pero es ineludible.

Es un resto medieval que llega con seis siglos de retraso. Que unos clérigos determinen el devenir de una sociedad y un Estado (1) es un residuo obsoleto incompatible con una nación moderna.

Los dogmas religiosos merecen el máximo respeto, pero pertenecen a la esfera privada de cada uno.

No puede haber progreso poniendo a las mujeres en una situación secundaria, apartadas y excluidas. (2)

Lo sorprendente es que hayan pervivido hasta nuestros días. Una parte importante del mundo se encuentra aún en esa situación y habrá no uno, sino varios terremotos que van a recomponer una vasta extensión del mundo.

El cambio será también una gran ocasión para la creación de riqueza. Empresas y economías van a florecer al abrigo de este amanecer.

Quien tenga ojos y oídos que aproveche.

(1) España se define constitucionalmente como un estado aconfesional desde 1978, lo que significa que ninguna confesión religiosa tiene carácter estatal. Aunque no es un estado laico, garantiza la libertad religiosa y mantiene relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y otras confesiones
(2) La participación activa de la mujer es ampliamente reconocida como un pilar fundamental, e incluso una garantía, para el desarrollo económico, el crecimiento sostenible y la estabilidad social de las naciones. Su inclusión en todos los ámbitos —económico, político y social— genera un «efecto multiplicador» que reduce la pobreza y mejora la calidad de vida de las comunidades