Nuestra foto de portada, a la izquierda, edificios altos de Benidorm que tiene el récord de ser uno de los puntos más “calientes” en cuanto a turismo; a la izquierda, vista panorámica del puente romano que conduce a la Mezquita-Catedral de Córdoba, que siempre está repleta de turistas.
España ha sido un país adelantado en el fenómeno de la masificación turística. Ahora debe seguir marcando pautas en la nueva era del “turismo boutique”. ¿Qué se entiende con esta expresión? Es un modelo de viaje que prioriza la exclusividad, la personalización y la identidad local. En lugar de grandes hoteles impersonales, este tipo de turismo se basa en alojamientos pequeños y únicos (generalmente entre 10 y 100 habitaciones) que ofrecen una experiencia auténtica y a medida.
Si algo define el siglo XX y XXI es el extraordinario y fulgurante fenómeno del turismo de masas que se corresponde con el desplazamiento de un gran número de personas hacia los mismos destinos turísticos al mismo tiempo. Este fenómeno suele ofrecer viajes y paquetes baratos organizados por agencias. Se concentra en lugares muy populares como playas, grandes ciudades o monumentos.
Hemos llegado a un punto crítico, en el que surge la necesidad, al mismo tiempo que la ocasión, para reinventar la primera industria del país. Hay que tener en cuenta que es el primer sector de actividad económica que representa un 12,6% del PIB español. ¡Nada más y nada menos!
Los datos son apabullantes: una de cada siete personas en el planeta hacen turismo fuera de su país. Son más de 1.400 millones de clientes. Ha llegado el momento de reinventarse.
Mi mujer y yo acabamos de tener una experiencia de primera línea al respecto: un crucero de una semana por el Adriático. Hemos tocado alguno de los destinos clave en esta privilegiada zona, empezando por un faro de atracción mundial como Venecia.



Y ¡Oh sorpresa!, esa maravillosa plaza ha sido el destino menos masificado de todos los que hemos visitado. Por supuesto, gracias a que ha puesto en práctica medidas que han demostrado su eficacia.
En primer lugar, ningún barco grande puede surcar esas azules aguas. Visitar esa zona implica aproximaciones sucesivas muy cuidadosas. Y todos los visitantes han de pagar una tasa por turismo.
Desde nuestro barco con cerca de 3.000 personas (ese es el punto tal vez más crítico que hay que revisar) salían excursiones a los diferentes puntos, empezando por Dubroknic y su muralla que ofrece un paseo inigualable de 4,5 kilómetros.

La organización de la logística ofrece un desafío de cuidado, resuelto por el crucero con notable eficacia. Pero sin duda se ha llegado a un punto de saturación insalvable.
No se puede ni se debe seguir escalando los viajes. Además, una parte notable de los clientes son personas de edad avanzada, algunos con importantes limitaciones de movilidad. Una cosa es tumbarse al sol en una saturada playa y otra visitar zonas de alto interés histórico, cultural y monumental, que deben ser documentadas, acompañadas y explicadas con detenimiento y cierto mimo. O tiramos al niño con el agua del baño.

Mi mujer y yo vivimos en una zona muy especial, San Lorenzo de El Escorial, con un foco de atracción de primer orden mundial, el sueño de un monarca entre los más poderosos e ilustrados de su época.
El Monasterio que creó es inigualable en muchos aspectos, pero no debe ser ofrecido al turismo masivo sin condiciones. No es aún el caso, pero deberá serlo.
No es compatible con ruidosas motos o coches con la música a toda potencia. Los visitantes deberán estar bien regulados. La oferta gastronómica deberá ser variada, sin masificar. Y otra serie de condicionantes que deberán definir el naciente turismo boutique.
Peligros que hay que evitar a toda costa:
-Que los visitantes perturben a los residentes y les obliguen a cambiar de costumbres.
-Que los lugares turísticos se vean condicionados por los visitantes.
– Para ello se necesita regular muy bien el tráfico y los aparcamientos.
Aunque la situación actual sea más o menos soportable, no debemos dejar que se degrade. Hay que actuar con una visión clara del futuro desde ahora mismo. Por ejemplo, cerrar al tráfico algunas calles importantes del centro (Floridablanca y del Rey) al menos los fines de semana y las temporadas más altas, creando aparcamientos disuasorios escondidos (para que no entorpezcan las hermosas vistas que existen).
Tenemos la obligación de mirar al futuro desde una visión prospectiva del presente.
