Tomo la idea una vez más de la mejor publicación internacional que existe hoy en día, la muy influyente “The Economist” (fundada en 1843) la biblia de las personas bien informadas. La caída de EEUU en influencia global es un asunto que nos concierne a todos, pero especialmente a Europa.
Pero hay que destacar que, si bien se enfrenta una pérdida relativa de influencia frente a potencias emergentes como China, sin embargo, sigue siendo la principal superpotencia global. Y pruebas al canto: la Guerra de Irán y la próxima apertura del estrecho de Ormuz en el que Europa escasamente contará con la presencia de un portaviones francés.
El mundo se ha mantenido durante bastantes décadas gracias a la tensión creada por los dos principales contendientes, Estados Unidos y la Unión Europea. Pero ahora uno de los dos protagonistas ha soltado de golpe su cuerda. Y el otro se está dando un sonoro batacazo.
Europa está ahora caída en el suelo. Las inmensas consecuencias de este hecho aún no son visibles, pero serán sin duda el elemento geopolítico que marcará el futuro de todos.
China es el nuevo centro de poder, pero la gran potencia asiática no desea la preeminencia, sabe que ese lugar implica un terrible desgaste, que quieren evitar a toda costa.
Construyeron una inmensa muralla precisamente para aislarse. Conocían la técnica de la navegación de altura, pero nunca desarrollaron algo parecido a una flota. China quiere beneficiarse del comercio globalizado, pero sin establecer organismos o instituciones hegemónicas. Quiere la preciosa carne del sabroso cerdo, pero sin sufrir la contaminación que conlleva.
Cuando la pasada Crisis Financiera Internacional de 2008-2009 se empezó a cuestionar el orden mundial que se había definido en Breton Woods (1944) poco antes de que finalizara la Segunda Guerra Mundial, surgieron con fuerza otros actores en escena, caso de los BRICS, pero aún no han sido capaces de desarticular la poderosa hegemonía del dólar.
El resultado es un mundo sin liderazgo, tan solo unido por una tecnológica malla digital en ciernes. Abrocharse todos los cinturones que nos adentramos en una zona de “fuertes turbulencias políticas, económicas y sociales”, especialmente en el mundo desarrollado, caso patente son los recientes reacciones violentas en Belfast, Irlanda del Norte. Porque en este “gran puzle geopolítico global” también contarán además de los drones y misiles de precisión, la fuerza dormida de las corrientes migratorias.
