He coincidido leyendo o repasando dos libros de muy diferente carácter. Por un lado, “Cafés con el diablo”, del periodista y reportero de televisión Vicente Romero y por otro lado “Por qué fracasan los países. Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza”, el ya famoso libro de Daron Acemoglu y James A. Robinson. Para aquellos de mis lectores que les resulten desconocidos, debo aclararles que Daron Acemoglu y James A. Robinson son un economista y un politólogo mundialmente reconocidos, habiendo ganados ambos el Premio Nobel de Economía 2024 (junto con Simon Johnson) por sus estudios empíricos y teóricos sobre cómo la calidad de las instituciones sociales determina la prosperidad y desigualdad de las naciones.
Hace tiempo escribí y publiqué un librito sin pretensiones, “No ganan los buenos”, ante una evidencia que se me antojaba tan clara como restallante. Me ha parecido que existen conexiones entre estos dos puntos de vista, teóricamente muy distantes.
Los abismos del mal que describe Romero creo que tal vez alumbran otros oscuros corredores de la política. Los ultraricos que condicionan aconteceres de los principales países del mundo, tal vez no son torturadores ni criminales confesos, pero me parece que tienen bastante que ver con la pobreza y sus desdichas.
Ya he escrito anteriormente sobre estas cruciales circunstancias. El fracaso de las personas como sociedades teóricamente abiertas tienen que ver con el capitalismo salvaje que domina el globo. Aproximadamente el 10% más rico de la población adulta mundial es dueño de entre el 75% y el 85% de los activos totales del mundo, mientras que el 90% restante de la humanidad debe repartirse el pequeño porcentaje que queda.
Sin esta evidencia de fondo tal vez estamos dando palos de ciego.
