Como combatir la contaminación y distorsión mediática

Hace unos 40 años, yo salí de la facultad de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid tras haberme licenciado en Derecho.

Los medios informativos eran muy escasos y estaban muy mediatizados por el poder político. En estas décadas pasadas las circunstancias han cambiado radicalmente. Se ha producido una explosión de medios, de profesionales y canales.

Hay nuevas tecnologías que han facilitado y abaratado extraordinariamente la producción de contenidos.

Hay una auténtica inundación y es cada vez más difícil encontrar agua dulce y potable, contenidos informativos de calidad. Tenemos que cambiar de paradigma.

En este nuevo ecosistema, la calidad y la adecuación son más esenciales que nunca.

Veamos unos datos que nos sitúen en la complejidad del problema:

Hay entre 1.500 y 3.000 medios informativos en español con contenidos accesibles públicamente, sin incluir medios digitales pequeños que no están registrados. De hecho, no existen bases de datos sistemáticas y fiables.

Solo en España existen miles de periódicos locales, radios comunitarias y portales digitales.

Hay innumerables medios digitales en España, entre 3.000 y 4.000, aunque México, Argentina y Colombia ofrecen una mayor cantidad y diversidad de medios nativos digitales en conjunto. Si bien medios españoles como El País lideran la audiencia hispanohablante global, los medios de Latinoamérica tienen una penetración masiva en sus propios mercados. Clarín (Argentina), El Tiempo (Colombia) y El Universal (México) son líderes digitales

Numerosos son hiperlocales y micromedios. Manejarse con eficacia en este ecosistema presenta grandes dificultades. La simple nota de prensa difícilmente logra audiencias mínimas.

Hay que agrupar, sindicar y establecer asociaciones adecuadas.

Para analizar todos estos contenidos se necesitan unos parámetros adecuados, que aún no está definidos y asentados. Es una tarea esencial que irá definiéndose en los próximos años. Triunfarán los que logren adelantarse.

Pero hay un problema de fondo que apenas se ha abordado: la “distorsión mediática”. El exceso de información produce desinformación, contaminación y ruido que desorienta.

Se le llama “distorsión mediática” ya que es la alteración, sesgo o manipulación deliberada de la información por parte de los medios de comunicación para influir en la opinión pública, comportamientos o agendas políticas. Implica presentar hechos de manera parcial, omitiendo contextos o exagerando narrativas para crear una realidad a medida. Y enfrentarse a este problema emergente que es real, será muy probablemente una de las acciones de respuesta más necesaria en los próximos años. Hay que prepararse desde ya.

Los contenidos hay que agruparlos por significados, desentrañarlos y con criterios profesionales. Limpiarlos de ruido y contaminación.

¡Gran tarea!