Nuestra foto de portada: a la derecha un cinturón de miseria y pobreza que habitualmente rodea las grandes capitales sudamericanas; a la izquierda, una aldea típica del África subsahariana.
Llevamos un montón de siglos atrapados en un bucle pernicioso: el crecimiento sin razón, finalidad ni fundamento.
Los ultrarricos necesitan este paradigma y nos tienen atrapados en una dinámica profundamente nociva.
El resultado está a la vista, es una humanidad doliente, injusta, letal.
¿Cómo nos libramos de este castigo? El decrecimiento puede ser la puerta de salida, pero no es fácil ponerlo en práctica, es subversivo, antisistema. Es fuerte decirlo así, pero es que algo subversivo es aquello que busca alterar, trastornar o derrocar un orden establecido, ya sea a nivel político, social, moral o cultural. Etimológicamente deriva del latín “subvertere” que implica “dar la vuelta desde abajo”, lo que sugiere cualquier idea, pensamiento o también de acción (acción subversiva), cuya finalidad o razón de dicho movimiento sea la de resquebrajar los cimientos de lo que se considera normal o aceptado.
Nunca ha sido ensayado de manera sistemática. Va siendo hora, ya que confluyen una serie de circunstancias y el tiempo se nos está agotando.
¿Por qué no empezamos por abrir un debate de base, ya que nuestros dirigentes no son capaces, son lacayos del sistema? Sin duda estamos en 2026 en uno de los niveles más bajos de capacidad de liderazgo internacional de los principales dirigentes mundiales, que, en vez de velar por el futuro de las próximas generaciones, no ven más allá de sus respectivos mandatos.
Esta puede ser la ocasión, de manera humilde, sin pretensiones, que es la base de la pretensión liberadora. Ahí dejo esto.
