La foto de la derecha, es una típica plantación de invernadero de tomates verdes; la de la izquierda, una prueba de la calidad de una plantación de fresas también de invernadero.

Soy un periodista muy veterano que ha viajado un poco. Ahora resido en una mediana población del centro de España con una ancha colonia de emigrantes muy integrada a su entorno. Nuestro país ha dado un salto adelante muy impresionante en pujanza empresarial y económica, y emprendimiento en los últimos años.

En lo que va del siglo XXI, España ha experimentado una transformación demográfica y laboral sin precedentes. Actualmente, más de 10 millones de personas nacidas en el extranjero viven en el país. A principios de siglo (año 2000), la población extranjera apenas suponía una fracción menor del padrón. Hoy en día, hay unos 7,13 millones de personas con nacionalidad extranjera, a las que se suman cerca de 1,8 millones que ya han adquirido la doble nacionalidad. Según datos del Real Instituto Elcano, cerca del 80% de los migrantes que han llegado en este siglo se han incorporado directamente a la población activa. Generan más de 4 de cada 10 nuevos empleos, ocupando puestos esenciales en sectores como la hostelería, la agricultura, la construcción y los cuidados.

Una de las razones de esta afortunada evolución ha sido la buena acogida dispensada a los inmigrantes que han venido a nuestro país a trabajar y vivir.

Durante varios siglos hemos sido país de emigrantes, la diáspora de los trabajadores españoles en el mundo en el siglo XX ha sido abrumadora. Esto sin duda nos ha predispuesto a acoger con brazos abiertos a los extranjeros que han venido aquí. Más allá de las estadísticas, ésta circunstancia ha sido enormemente beneficiosa.

Los políticos que intentan manipular estos hechos para rechazar o cuestionar a los emigrantes están condenados a fracasar.

Miro a mi alrededor y veo al camarero que me sirve con diligencia y amabilidad, tal vez con algún acento latino, no solo como una excelente mano de obra cualificada sino también como a un semejante con el que tengo crecientes lazos.

Algunos son huéspedes y amigos. Y entre ellos destacan los que desempeñan sus tareas como socios y compañeros.

Deseo tener esa misma actitud y capacidad en mi propio trabajo. Quiero ser un emigrante.