Hace ya varias semanas que hemos decido contar con la contribución permanente de dos arquitectos de primer orden, Cristina García-Rosales y Félix Falcone, socios de “arquiplaneo estudio”, que nos dan ese toque tanto de la historia urbanística desconocida de lugares de Madrid, como lo más práctico en cuanto a cómo hacer determinadas reformas o destacar, como es el caso de hoy, las virtudes del lugar más habitado de las casas como es la cocina.

Durante mucho tiempo la cocina fue un espacio reservado al trabajo cotidiano. Permanecía apartada del resto de la vivienda, como si cocinar fuera una tarea que debía desarrollarse lejos de las conversaciones y de las visitas. Sin embargo, las casas cambian al mismo ritmo que cambian quienes las habitan.

Hoy la cocina es uno de los lugares donde más intensamente se vive el hogar. Allí comienza el día con el primer café y, muchas veces, termina alrededor de una conversación que se alarga sin prisa. Es el espacio donde se preparan los alimentos, pero también donde se comparten historias, se ayudan los hijos con los deberes o se improvisa una cena entre amigos.

Hay algo profundamente humano en cocinar para otros. No consiste solo en alimentar, sino en cuidar. Cada receta guarda una pequeña herencia familiar, un recuerdo o una costumbre que pasa de generación en generación sin necesidad de escribirse. También los aromas forman parte de nuestra memoria: el pan recién tostado, un guiso de domingo o un bizcocho en el horno son capaces de devolvernos, en un instante, a la cocina de nuestra infancia.

Quizá por eso las cocinas han dejado de esconderse. Hoy se abren al resto de la casa porque la vida ya no entiende de fronteras entre cocinar y convivir. Mientras alguien prepara la comida, otro pone la mesa, un niño dibuja sobre la encimera y una conversación fluye con naturalidad. La cocina ya no es únicamente un lugar para cocinar; es un lugar para estar.

Muchas reformas comienzan por este espacio vital, tan vital que lo podemos considerar como el corazón de nuestra casa. Porque, antes incluso que el salón, quizá sea en la cocina donde una casa aprende a ser un hogar.

Félix Falcone

Arquitecto

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