Nuestra foto de portada las ruinas prehistóricas de Göbekli Tepe, un Sitio Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en Turquía.
Llevamos cerca de 315.000 años en este planeta (es la antigüedad del Homo Sapiens), “esa gota de polvo suspendida en el cosmos” como la denominaba Carl Sagan, y el balance es aterrador: sufrimos un calentamiento global más que evidente, producto de la actividad humana.
La natalidad ha caído por debajo del nivel de mantenimiento de la población, el planeta se está despoblando. Volvemos a preguntarnos: ¿ha caído la natalidad por debajo del nivel de reemplazo? Es evidente que, a nivel global sí ha sucedido, o está justo al límite de hacerlo. Se entiende por nivel de reemplazo generacional el promedio necesario para que una población se mantenga estable a largo plazo sin contar la migración, que en estos momentos se sitúa en 2,1 hijos por mujer.
Recientes estudios académicos estiman que la tasa de fecundidad mundial ya se ha situado en torno a 2,19 o menos, rozando o rompiendo ese umbral por primera vez en la historia moderna.
Según el informe de la ONU publicado en julio de 2026 sobre los datos actuales y de población con hambre, la sitúa en 645 millones de personas que padecían hambre en 2025 (el 7,81 % de la población mundial). La cuestión es que hay que considerar un importante matiz: lo que se conoce como inseguridad alimentaria, que se sitúa en 2.100 millones de personas (una de cada cuatro en el mundo) no tienen acceso regular a suficientes alimentos.
¿Cuál es entonces la tendencia? El hambre ha bajado por tercer año consecutivo, pero el avance es lento y desigual, siendo África la región más afectada con 309 millones de personas sufriéndolo de verdad.
La pobreza sistémica hace que lo que considera pobreza extrema global afecte al 9,8% de la población mundial (aproximadamente 826 millones de personas).
Hay más de 60 guerras activas. Hemos depredado el planeta, que está prácticamente en ruinas, por lo que necesitaríamos dos planetas como la Tierra para mantener el ritmo actual de gasto planetario. ¡Y esto sí que es un auténtico despropósito!
Nos entretienen con estadísticas manipuladas y engañosas. Hay un brutal nivel de violencia en las comunicaciones de los gobiernos.
Los partidos que hacen de oposición solo saben poner en marcha unas alternativas ciegas y monolíticas, incapaces de encontrar puntos de encuentro y equilibrio. Con creciente y preocupante asiduidad, los votantes se decantan por opciones neofascistas. La juventud está hipnotizada por los deportes en liza y cantantes que se plagian unos a otros.
¿Qué es entonces lo que podemos hacer?
No hay muchas alternativas. Los magnates de las grandes tecnológicas han dado la voz de alarma ante el avance fulgurante de Inteligencia Artificial Generativa, que se alimenta ya de sí misma y corre el riesgo de empezar a alimentarse de sus propios contenidos, un fenómeno conocido como autoalimentación o entrenamiento con datos sintéticos y se puede producir un «colapso del modelo» lo que lleva a un deterioro de calidad, ya que tras varios ciclos de entrenamiento con sus propios datos, los modelos pierden coherencia, variedad y precisión. Voces autorizadas de la propia industria están pidiendo con urgencia acordar una pausa, para ver si logramos una visibilidad del futuro que nos aguarda.
China, la potencia emergente, quiere más bien acelerar el paso, pues teme perder la carrera vital de las nuevas tecnologías.
Hay algunas iniciativas interesantes, como la del conglomerado Anthopic, que está escaneando todos los libros publicados en el mundo para construir una mente avanzada que nos ayude a salir del charco en el que nos ahogamos los humanos.
Empiezan a proliferar los llamamientos para pedir auxilio extraterrestre, ya que solos no sabemos encontrar la salida.
Voy a citar tan solo a un experto reputado, Valentín Oyarzabal, del que he tomado algunas ideas aquí expuestas. Entre otras cosas, da clases en la Universidad de Bilbao. Ojalá sus alumnos saquen mucho provecho de sus clases.
Podría citar otros muchos vigías avanzados, como el futurólogo Eduardo Martínez de la Fe y su esposa. O a Enrique Dans. O Alfredo Duran.
Nombres internacionales de prestigio como McKinsey, Reuters, etc., también son los que van “echando una mirada con otra perspectiva a este nuevo mundo que se viene”.
Ahora necesitamos buenos analistas de tendencias. La prensa y los medios de calidad harían bien en ocuparse de estos temas y dejar un poco las estériles confrontaciones.
Además de todo esto, hay que reinventar de arriba abajo los medios de comunicación, que ya no serán más de masas. Mucha tarea por delante y poco tiempo.
