Nuestra foto de portada corresponde a las torres de enfriamiento de la Central nuclear de Dukovany,​ que es una planta de generación de energía nuclear, cerca de Dukovany, un pueblo en la República Checa.

Creo que estamos en una coyuntura existencial, abocados a la extinción si no reaccionamos. La historia del Homo Sapiens de cerca de 300.000 años (315.000 años, según los restos fósiles más antiguos encontrados hasta ahora Jebel Irhoud, Marruecos) ha llegado a un punto crítico.

Tiene razón Alfonso Durán Pich (emprendedor, alto directivo, consultor y profesor de escuela de negocios) cuando diagnostica que estamos inmersos en una peligrosa oleada de papanatismo.

Una parte mayoritaria de la humanidad sigue ciegamente una tendencia autodestructiva muy peligrosa. Ya Carl Sagan (1934-1996) el famoso astrónomo, astrofísico, cosmólogo, astrobiólogo, escritor y quizás el más grande divulgador científico del siglo XX,  pronunció el 15 de noviembre de 1986 para dar la bienvenida a los manifestantes de la Great Peace March for Global Nuclear Disarmament (Gran Marcha por la Paz para el Desarme Nuclear Global) unas palabras que aún resuenan para las personas de bien, pero lamentablemente no para los líderes mundiales que les gusta hacer la guerra: «Las circunstancias actuales son que existe un número obsceno de armas nucleares en el planeta, muchas más de las necesarias para cualquier propósito concebible. Es la primera vez en la historia de la especie humana que tenemos la capacidad de destruir la civilización global y posiblemente a la especie misma.»

A un lado tememos a un perturbado narcisista, en otro, a un psicópata que quiere resucitar la extinta URSS con una ciega guerra de agresión contra una nación hermana y está logrando lo contrario a lo que pretendía: hacer de los ucranianos una potencia global.

Lo que hay que saber es que actualmente el principal motivo del estancamiento de la guerra de Ucrania es la incompatibilidad total de los objetivos políticos y territoriales entre ambos países, lo que impide cualquier negociación de paz real.

Por el lado asiático obviamente la “Gran China”, dormida durante décadas pero que ahora ha despertado y es la otra potencia emergente. Y esta circunstancia es importante porque se ha apuntado a la carrera por la Inteligencia Artificial Generativa, la superinteligencia que cambiaría el mundo. En esa marcha están también una serie de conglomerados tecnológicos que parecen haberse dado cuenta del peligroso abismo que se abre ante nuestros pies y gritan que hagamos una pausa en la locura.

Hay más actores en juego. Por ejemplo, Anthopic que es una empresa estadounidense de investigación y desarrollo de inteligencia artificial fundada en 2021. La compañía destaca en el sector tecnológico por competir directamente con gigantes como OpenAI, con un enfoque prioritario en la seguridad de los sistemas de inteligencia artificial. Actualmente está escaneando todos los libros del mundo para construir una mente que nos ayude a salir del atolladero. Buscan la superinteligencia como antes se buscaba el oro.

El camino está bordeado de abismos. ¿Encontraremos la salida?

Se está abriendo paso una certeza medular: solo la colaboración puede salvarnos. La pregunta que surge sin duda es la siguiente: ¿es esto posible? Para ello se requiere de dos elementos claves que faltan en la dirigencia mundial. Generosidad y muy buen liderazgo político.

Pero durante demasiado tiempo la competencia ha sido la base de un supuesto progreso. Cambiar de paradigma no va a ser fácil. Y la extinción está a la vuelta de la esquina. Tal vez estamos en la década decisiva. Atentos.