Nuestra foto de portada recoge dos momentos en los que la actividad cooperativa se manifiesta todos los días en el mundo: a la derecha, la actividad agrícola, a la izquierda, el desarrollo de sociedades cooperativas y consumo que impactan decididamente en la cesta de la compra.

Las alertas tempranas de www.mediaticsnews.com son pequeñas advertencias (toques de atención) como la famosa tribuna de opinión del Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa en el diario “El País” que titulara “Piedra de Toque”. Desde ya que, salvando las distancias, por el respeto que siempre nos ha merecido el gran “escribidor” hispano-peruano, como a él le gustaba definirse.

Y esta responsabilidad la asumimos Miguel Ormaetxea y José Luis Zunni, que siempre nos desvive y preocupa, cómo vivir en una sociedad mejor. Y creemos que podemos, modestamente, contribuir a ello con nuestras opiniones y análisis de las situaciones que más preocupan hoy día.

Al referirnos a la sociedad cooperativa, la pregunta es: ¿cuándo nos equivocamos de dirección? Cuando al final de la Segunda Guerra Mundial abrazamos la competitividad como el motor del crecimiento ilimitado que nos llevaría a una sociedad opulenta. Este concepto se basa en la idea de que la producción y el consumo pueden aumentar de forma continua e infinita en un planeta con recursos finitos.

Y para que esto sea posible dentro de las limitaciones que nuestra casa común “La Tierra” nos brinda con recursos limitados, nuestra civilización, especialmente a partir de la Revolución Industrial del siglo XVIII empezó a “tirar” de dos elementos clave: la innovación tecnológica y la productividad.

Se fundamenta este pensamiento en dos principios que se cree siempre permitirán superar los límites físicos, tales como que de manera inevitable aparece una nueva tecnología y por supuesto, se produce como consecuencia de ello una innovación en los procesos. La cuestión central es que se exige un nivel de eficiencia que a su vez “exprime” al máximo los recursos disponibles, a pesar de hacerlos más eficientes en su aplicación.

El sistema capitalista se centra en la acumulación de riqueza y el aumento de la producción/consumo, a menudo con una visión individualista y separada de las limitaciones ecológicas. Y se suma a ello el comercio internacional, que es el otro gran motor de la economía global, al permitir la especialización y la expansión de mercados globales.

Pero en las últimas tres décadas floreció otro elemento en esta ecuación: la economía del conocimiento, a la que se le considera la impulsora moderna de la transformación y el crecimiento a nivel mundial.

Justamente hoy una de las preocupaciones fundamentales de la doctrina económica está en la desigualdad que se produce en la distribución de la riqueza. Parece que, a pesar de la poderosísima disrupción tecnológica de los últimos años, por contrario la desigualdad se ha acentuado aún más.

Nos llevará décadas cambiar de rumbo, hay una inercia brutal, pero afortunadamente es inexorable. Las cooperativas Mondragon (1) son un ejemplo, pero hay que ir más allá.

La alimentación, la vivienda y la energía deben ser bienes comunales resueltos de antemano, para que el ingenio y la creatividad humana se desarrollen en todo su potencial, libre de esas cargas, como un resto medieval llamado a extinguirse. Ha llegado la era de las sociedades cooperativas.

Ha llegado el tiempo de un nuevo liderazgo que haga prevalecer las personas por encima de máquinas, ratios de rendimiento, procesos inteligentes y demás cuestiones que terminan siempre poniendo en un rincón al “Factor Humano” y priorizando el crecimiento económico (2), con frecuencia, a pesar de sacrificar en todo o en parte dicho “Factor Humano”.

En el mundo de habla hispana, el

sistema cooperativista en Latinoamérica es un pilar socioeconómico clave, con más de 108.000 cooperativas que impulsan el desarrollo, especialmente en agricultura y finanzas. Destacan por su importancia e impacto en países como Argentina, Brasil y México, sociedades en la que este modelo ha contribuido a fomentar la inclusión, la seguridad alimentaria y la democracia económica, trabajando en retos como la profesionalización y la digitalización.

Los sectores destacados en estas regiones se corresponden con el cooperativismo de ahorro y crédito que ha tenido un impacto tremendo en dichas sociedades, complementándose también por cooperativas de trabajo, producción y servicios.

Y como verán queridos lectores/as, nuestras alertas tempranas responden a inquietudes y especialmente a datos. Fíjense que se

prevé un incremento significativo de la actividad cooperativa a nivel mundial, impulsado por el reconocimiento del modelo en el marco del Año Internacional de las Cooperativas 2025 y nuevas estrategias 2026-2030. Más del 12% de la población mundial es cooperativista, y las 300 cooperativas más grandes generan un volumen de negocios de 2,4 billones de dólares.

¡Insistimos! Ha llegado la hora de potenciar aún más las sociedades cooperativas.

(1) La Corporación Mondragon es el grupo cooperativo industrial más grande del mundo, fundado en 1956 en el País Vasco por José María Arizmendiarrieta. Integra más de 90 cooperativas autónomas en áreas de finanzas, industria, distribución y conocimiento (como Fagor, Eroski, Laboral Kutxa) con un modelo democrático donde el trabajador es socio
(2) Los principales teóricos del crecimiento económico se dividen en escuelas clásicas, neoclásicas (exógenas) y endógenas. La teoría del crecimiento endógeno sostiene que el crecimiento económico es el resultado de factores endógenos y no de fuerzas externas como propone la teoría neoclásica. La teoría del crecimiento exógeno, principalmente representada por el modelo de Solow-Swan (1956), postula que el crecimiento económico a largo plazo está impulsado por factores externos al sistema económico, fundamentalmente el progreso tecnológico. Destacan Adam Smith (acumulación de capital), Robert Solow (modelo exógeno de ahorro/tecnología) y Paul Romer (crecimiento endógeno basado en conocimiento e innovación). Otros autores fundamentales incluyen a Harrod-Domar (inversión) y Schumpeter (destrucción creativa)