Mezclar la religión con la política ha dado muy funestos resultados en el pasado y en el presente. Las creencias religiosas son un muy respetable asunto interior de cada uno, que debe permanecer en ese ámbito.
La mayoría de los estados modernos mezclan política y religión, ya sea de forma directa, institucional o cultural. Aunque el concepto de «estado laico» es común en la teoría, la separación absoluta entre ambos poderes casi nunca se cumple por completo en la práctica
Por ejemplo, comprobamos que el Islam político (1) está desapareciendo en el mundo, solo queda Irán. Pero también queda el fundamentalismo religioso, que pretende imponer a todo el mundo la visión integrista de estas mentes como dogma general.
Ya lo decía León Felipe (2): “quien tenga una doctrina que se la guarde en el bolsillo interno del chaleco”.
