Mezclar la religión con la política ha dado muy funestos resultados en el pasado y en el presente. Las creencias religiosas son un muy respetable asunto interior de cada uno, que debe permanecer en ese ámbito.

La mayoría de los estados modernos mezclan política y religión, ya sea de forma directa, institucional o cultural. Aunque el concepto de «estado laico» es común en la teoría, la separación absoluta entre ambos poderes casi nunca se cumple por completo en la práctica

Por ejemplo, comprobamos que el Islam político (1) está desapareciendo en el mundo, solo queda Irán. Pero también queda el fundamentalismo religioso, que pretende imponer a todo el mundo la visión integrista de estas mentes como dogma general.

Ya lo decía León Felipe (2): “quien tenga una doctrina que se la guarde en el bolsillo interno del chaleco”.

(1) El islam político no está desapareciendo, pero sí atraviesa una profunda crisis, fragmentación y un proceso de transformación estructural tras décadas de fracasos en la gobernanza contemporánea. Un informe como el Arab Barometer indican que el entusiasmo por un «Estado islámico utópico» ha decaído, dando paso a dinámicas más complejas y adaptadas a realidades locales
(2) León Felipe (1884-1969) (cuyo nombre real era Felipe Camino Galicia de la Rosa) fue un célebre poeta español, cuya vida fue muy intensa como farmacéutico, actor de teatro y pasando su exilio definitivo en México tras la Guerra Civil, ciudad en la que finalmente muriese.