Nuestra foto de portada, a la derecha, un grupo de guerreros masai con atuendos tradicionales se encuentran de pie orgullosos en la sabana de Kenia; a la izquierda, algunos de los ejemplares de cebras y ñus que forman una de las asociaciones más perfectas de la sabana africana
Dentro de un par de horas habrá un eclipse total de sol aquí en El Escorial y en una amplia franja del globo. Hemos comprado gafas especiales para verlo, pero no vamos a emplearlas. Notaremos oscurecerse la tarde, según creo. Y dicen que todo cambiará después.
“Todo vuelve a cambiar”, ha escrito mi admirado Enrique Dans no hace mucho. Creo que ahora el cambio no es un hecho, un acontecimiento, un nuevo alumbramiento: es el nuevo estado del mundo que habitamos.
Nos dejará atrás si no entendemos lo que está pasando. Para intentar acercarnos al nuevo mundo debemos dejar definitivamente el pasado. No escribiré más sobre lo que he dejado atrás. Miraré de frente no al sol que puede cegarnos, sino al futuro, desconocido, pero tal vez no tanto. Debemos sacar enseñanzas de estos primeros años del Homo Sapiens. El Homo sapiens moderno no surgió en un único punto ni exclusivamente en las sabanas del este de África. La ciencia apunta a que aparecieron en todo el continente africano hace unos 300.000 años mediante una red de poblaciones diversas y conectadas en distintas regiones, desde el norte hasta el sur.
La primera constatación es bastante terrible: las personas se mueren y no son felices. Volvemos los ojos locos hacia esa palmada en el hombro.
Hay pocas personas que miren al futuro de manera sistemática. La blanca bola de la pitonisa está cubierta de un piadoso velo oscuro. Es tiempo de descubrirlo.
Citaré solamente a un amigo, Eduardo Martínez de la Fe y su esposa Alicia Montesdeoca, que desde hace ya muchos años escudriñan las Tendencias. Necesitamos muchos como tú, querido amigo. No hay tiempo que perder. El futuro es AHORA.
Miguel Ormaetxea. El Escorial, 12 de agosto de 2026.
